El mundo parece desajustado, como si la realidad se hubiera torcido sin que nos diéramos cuenta. Las tiranías se sostienen en el miedo y en la fuerza, pero también en algo más sutil: la costumbre de agachar la cabeza. La salida podría ser sencilla, pero cuesta verla cuando tantas mentes siguen adormecidas. Tarde o temprano habrá que despertar a una conciencia colectiva que recuerde que el poder de cambiar las cosas siempre ha estado en nuestras manos.
A veces me preguntan cuál es la diferencia entre los hombres y las ovejas. Digo que los hombres caminan en dos patas y las ovejas en cuatro. En lo demás… la distancia depende de cuánto estemos dispuestos a pensar por nosotros mismos.
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