Algoritmos y Frecuencias: la Ley de la Resonancia


Hay algo curioso en la manera en que funciona el mundo.

Los algoritmos digitales reaccionan a lo que hacemos: a lo que miramos, buscamos, compartimos; a los gestos pequeños que repetimos sin darnos cuenta. No responden a lo que decimos querer, sino a los patrones que sostenemos. Nos devuelven aquello que ya estamos alimentando.

Vivimos en un mundo donde la tecnología parece “leer” nuestras vidas y la espiritualidad intenta “leer” nuestras emociones. Ambos discursos hablan de vibración, patrones, retroalimentación y coherencia.

La metafísica propone algo parecido a lo que hace la tecnología. El universo no escucha nuestras palabras, responde a nuestras frecuencias. No atraemos lo que pedimos, sino lo que sentimos. La culpa llama a más culpa. El miedo reconoce al miedo. La alegría y el agradecimiento encuentran caminos para volver.

Tal vez esta sea la ley silenciosa que ambos mundos comparten: la realidad —digital o universal— amplifica aquello que emitimos con más fuerza.

Si esto es cierto, entonces la pregunta no es qué queremos, sino en qué frecuencia estamos vibrando. ¿Qué emoción dejamos encendida? ¿Qué patrón repetimos sin darnos cuenta?

Porque tanto el algoritmo como el universo parecen responder a la misma ley de resonancia: lo que emites, regresa.

Llegados a este punto, conocer esta ley nos invita a algo más que comprenderla: nos invita a practicarla. Si afinamos la atención, podemos aprender a orientar tanto el algoritmo como nuestras propias frecuencias. No se trata de forzar nada, sino de elegir qué alimentamos. Porque cuando dirigimos con conciencia lo que emitimos, la realidad —digital y universal— empieza a responder de otra manera.

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