Los proverbios guardan verdades profundas.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
No habla de
maldad, sino de tiempo vivido: cicatrices, errores, aprendizajes.
La
experiencia transforma, el tiempo pule, y la vida enseña lo que los
libros no pueden. La vida misma es una maestra más poderosa que
cualquier teoría.
El
conocimiento —esa memoria organizada— es acumulación: datos,
conceptos, técnicas, información que puede guardarse, recordarse,
transmitirse.
La sabiduría, en cambio, es transformación.
El
conocimiento es a la memoria lo que la sabiduría es a la
práctica.
El conocimiento puede ser neutral; la sabiduría
implica responsabilidad.
Si el
conocimiento te dice qué es algo, la sabiduría te muestra
qué hacer con eso.
La sabiduría no depende de la
inteligencia, sino de la experiencia metabolizada: algo que se
encarna. Nace de haber fallado, amado, perdido, observado, nutrido,
esperado, sobrevivido.
La sabiduría no es “saber más”, sino saber mejor.
El
conocimiento es materia prima.
La sabiduría es la obra
terminada.
El
conocimiento es el mapa.
La sabiduría es caminar el territorio.
¿Dónde notas que el mapa deja de servir y empieza el territorio?
Comentarios