No es un misterio nuevo. Desde los primeros sistemas de dominación se ha entrenado al ser humano a confundir obediencia con seguridad, y silencio con virtud.
Los ejércitos de todas las naciones se construyen sobre esa lógica: individuos que, al jurar ante una bandera, renuncian a la duda y al cuestionamiento. Se les uniforma para borrar diferencias y se les entrena para ejecutar órdenes sin detenerse a pensar. No son héroes por defecto; son seres humanos moldeados para funcionar como engranajes de una maquinaria que otros dirigen.
Al resto de la sociedad se le adormece con herramientas más sutiles: religión, nacionalismo, propaganda… y la más eficaz de todas, el miedo. Ese miedo que paraliza, que convence de que no hay alternativa, que hace creer que la sumisión es prudencia.
Despertar de este sueño no será sencillo. Pero todo cambio profundo comenzó alguna vez con un pequeño acto de lucidez colectiva. Y esa posibilidad sigue ahí, esperando que la miremos de frente."
Comentarios