lunes, 5 de abril de 2010

¿Por qué ganaron los Industriales?

Por José Antonio Michelena

Yenier Flores, el segundo bate de Villa Clara hizo swing, la bola siguió hacia la mascota de Frank Camilo y la tierra tembló en toda la Isla sobre las dos de la madrugada del jueves. Varios millones de personas saltaron de júbilo. Industriales ganó su duodécima corona en el béisbol cubano. ¿Pero, por qué tanto ruido por un juego de pelota?
Algo más de medio siglo antes, cuando Almendares, Habana, Cienfuegos y Marianao se enfrentaban en la liga de béisbol profesional, también un juego de pelota, decisivo de un campeonato, paralizó la Isla. Los alacranes azules del Almendares jugaron contra los leones rojos del Habana.
Alacranes y leones capitalizaban a los fanáticos de entonces. Aunque el Estadio del Cerro aún no podía albergar a 60 mil aficionados, la Isla apenas llegaba a los 7 millones de habitantes y la cifra de televisores era infinitamente menor, ya la pasión encendía rivalidades en colores: verde, del Cienfuegos; naranja, del Marianao; rojo, del Habana; azul, del Almendares.
Industriales, la selección capitalina surgida en 1962, estampó el azul en sus uniformes y arrastró la simpatía de legiones de almendaristas; cuando años más tarde sumó el ícono de los habanistas, el león, creó un estandarte muy poderoso. El conjunto celeste es Habana y Almendares al mismo tiempo, el yin y el yan.
Acaso nadie sabe quién decidió otorgar el azul a los Industriales y quién eligió después el león para completar su heráldica, pero sí está claro que el combinado celeste convoca grandes pasiones a favor y en contra. Ningún otro equipo suma tantos seguidores, pero tampoco lo hay con tal cantidad de opositores, detractores, adversarios.
En el enfrentamiento Industriales versus Villa Clara, el conjunto naranja contaba con la simpatía de todos los aficionados hostiles a la escuadra azul.
Un asunto a investigar en el campo de los estados emocionales de los atletas es por qué los peloteros de la capital se crecen en la post temporada, cómo ellos utilizan esa corriente de energía contraria y la convierten en energía a su favor, mientras sus opositores juegan por debajo de sus posibilidades.
El actual conjunto azul no llega al nivel de las versiones de 1986, 1992, o 2004, pero sus peloteros se sienten dentro de una leyenda. Detrás de ellos, impulsándolos, están Chávez, Trigoura, Hurtado, Street, Osorio, Marquetti, Urbano, Capiró, Tony, Puente, Changa, Arocha, El Duque, Javier, Kendry, Yaser, Medina, Scull, Germán, Padilla, Anglada, Vargas… Y esa tradición los eleva.
Entre la multitud que vitoreaba ayer a los peloteros de Industriales en el parque 13 de marzo había un jovencito con un “tatuaje” a bolígrafo en su rostro que decía: “Esto para El Duque”, debajo del número 26.
Pero, obviamente, la mística de Industriales va más allá del hálito de los grandes peloteros que por allí han pasado; sobrepasa la tradición de “jugar bien”; incluso la alta estima que proporciona haber triunfado tantas veces, ser un ganador, el mayor de los cuatro grandes. Es, quizás, la conjunción de todo eso. Y algo más recóndito que nos lleva de nuevo al Almendares.
Tony González y Germán Mesa me recordaban a Willy Miranda; Anglada, a Tony Taylor; Chávez y Marquetti, a Rocky Nelson; Changa, a Mike Cuéllar; Vargas a Miguelito de la Hoz; Javier, a Ángel Scull; ahora Malleta es de nuevo Rocky Nelson, y así sucesivamente, como en el poema de Wichy Nogueras, “Erternorretornógrafo”.
Todavía falta la sabiduría de un nuevo Ramón Carneado al timón de la nave azul, pero Germán más que mago fue adivino, en este juego final. ¿Quién podía pensar que un jovencito que tenía tantas bases por bolas como entradas lanzadas en la temporada regular iba a pitchear como lo hizo? ¿Hechizo, encantamiento? Aché, mucho Aché tiene Industriales. Si no, cómo ganar en Cuba 12 campeonatos.
¿Por qué tanto ruido por un juego de pelota? Ese tema sobrepasa una nota deportiva. Digamos solo que según cantemos “oye, te cogió el león”, o “ruge leona”, estamos representando un sentimiento, una pertenencia, una identidad. Pero todo es combustible para el fuego azul.

3 comentarios:

Silvita dijo...

Un baño con vencedor, vencebatalla, paraíso, yerba buena, albahaca, flores blancas, aguardiente cascarilla, miel de abeja, pasiflora, caña santa, agua del Almendares con tres gotas del Quibú... y colonia Bebito si la encuentra.
Resultó!!!
(ya era hora siá cará!)

Misuangelo dijo...

Ño, Silvita, apretaste con ese baño!!!
:-)
Cuando estuve en el terruño la gente andaba como loca siguiendo la serie. Curiosamente en el Estadio Latinoamericano los juegos fueron de día (según la Lengua es porque el estadio no tiene reflectores)
y como los partidos eran casi diarios, ya tú me dirás quién trabajaba (o estudiaba)

Silvita dijo...

Jajaja, como cuando los Festivales de Cine! Ahí sí que todo el mundo se enfermaba y pedía un certificado médico por quince curiosos días, que cubrían el período exacto, de inauguración a clausura.