jueves, 10 de septiembre de 2015

Más de 20 cosas que podemos hacer sin dinero





¡Más de veinte cosas! No son dos ni tres; son más de veinte cosas.
Ante todo, gracias le doy a la vida. El aliento de vida nos ha sido proporcionado y el oxígeno que está en el aire es gratuito para todos.
Está claro que los amores sinceros, la amistad y la fe no se compran. Tampoco la fidelidad, la compasión y la solidaridad: las aprendimos, las cultivamos, las practicamos. Los ideales, aunque no son inamovibles, no suelen comprarse; uno se compromete con ellos. Los sentimientos y las emociones que nos producen dolor y placer, nacen con nosotros.
Nada de esto voy a enumerar; tampoco las andanzas y paseos urbanos; ni las siestas, ni la contemplación de las puestas de sol y los amaneceres.
Comienzo con algunas sugerencias generales  –que no deben tomarse como una alternativa de la pobreza, resignación, o porque el dinero no nos alcance; tomémoslas por el placer que hay en ello y el beneficio que nos reporta.
  1. Ante todo mantener despierto el deseo de vivir, experimentar, disfrutar la vida hasta sus últimas consecuencias. Una manera es acercándonos a la naturaleza, a las plantas y los animales.
  2. El sentido del humor es fundamental, reír y hacer reír a nuestros familiares y amigos. Contar chistes, decir ocurrencias, reír de nuestras propias torpezas. La risa es la mejor medicina.
  3. Bailar, cantar –aunque desentone. Inventar nuestras fiestas aunque no sea ni día festivo ni de cumpleaños. Incorporar la música a nuestra vida no sólo nos da energía sino también sabor y alegría.
  4. Observar a los niños, jugar y disfrutar con ellos es inspirador.
  5. Acercarnos a los ancianos. Conversar y pedirle consejos hace que nos vean o nos sintamos como adolescentes: rejuvenecemos. Además respetamos su autoridad y le damos el valor que merecen.
La práctica habitual de estas cosas no cuesta dinero y son altamente estimuladoras para las relaciones sociales y el crecimiento espiritual. Veamos ahora sugerencias prácticas.
Actividades físicas.
  1. Realizar deporte nos mantiene en forma. Podemos hacer gimnasia en la casa –o con la colaboración de los amigos crear un gimnasio particular en una habitación disponible, o en la propia sala de estar.
  2. Organizar partidos de fútbol, beisbol, voleibol – según sea nuestro interés deportivo. O sumarnos a una maratón de atletismo o de bicicleta. Si no queremos participar en los eventos, podemos ir como soporte para aplaudir y apoyar a nuestros amigos y familiares cuando compiten.
  3. Podemos proponer juegos de mesa: ajedrez, dominó, naipes, damas, parchís. O juegos de piso como los niños jugando a las bolas (canicas), los yaquis o los palitos chinos.
  4. Pasear en bicicleta, o en patines o patineta. Hasta en carriola si nos apetece.
  5. Jogging en un parque. ¡Cómo bajaremos de peso! Cualquier forma de ejercicio físico nos  eleva la autoestima y nos fortalece mental y físicamente.
  6. Llevar un frasco de agua –hervida en casa– nos ayudará a calmar la sed e hidratarnos durante las salidas. También podemos incluir un bocadillo delicioso montado a nuestro gusto.
  7. Para descansar –y recuperar calorías–, picnic los domingos con los restos de la comida del fin de semana.
  8. Sexo, mucho sexo con nuestras parejas sexuales. Si no tenemos pareja el auto-masaje es fascinante con fantasía, mucha fantasía (nadie nos ve). La práctica sexual, como los ejercicios físicos, según los expertos aumenta la calidad de vida, el funcionamiento de los órganos del cuerpo y sobre todo mejora el humor.
Actividades espirituales.
  1. Meditar. Orar. Participar en los oficios religiosos de tu religión.
  2. Practicar yoga en casa.
  3. Hacer nada, absolutamente nada. Observar la naturaleza, escuchar el silencio, aprender de cuánto nos rodea.
Actividades intelectuales.
  1. Leer lo que esté a nuestro alcance y nos apetezca. En muchas bibliotecas prestan libros, filmes y audio-libros. Intercambiar libros con los amigos es otra manera de adquirir conocimientos.
  2. Participar en círculos de lectura, poesía, o talleres que te apasionen o ensanchen el alma.
  3. Comenzar un curso dirigido (o auto-dirigido) que te guste o por el cual tengas interés.
  4. Charlar con los amigos por el gusto de pasar el rato. Escuchar sin juzgar; motivar sin imponer.
Actividades sociales.
  1. Asistir a cuanto evento gratuito sea de tu interés. En Facebook hay muchos eventos que son gratuitos o dan facilidades de entrada. En los periódicos uno puede encontrar la programación semanal o del día que nos permite acudir a todo lo que ofrezca entrada libre: charlas, conferencias, debates, encuentros literarios, veladas musicales, etc.
  2. Visitar las galerías de arte. Asistir a los vernissage o exposiciones de fotografía, pintura, escultura, arte en general. Con buena suerte hasta te complacerán con refrigerios y aperitivos.
  3. Presenciar y participar en festivales y fiestas públicas, conciertos al aire libre.
  4. Ser miembro de asociaciones que trabajen de manera ideal y que brinden actividades gratuitas o caritativas. La ayuda al prójimo ofrece placer.
  5. Ver filmes en unión de amigos o familiares. Al debatirlos o intercambiar opiniones siempre sacamos provecho.
  6. Jugar a la Cenicienta: ir de compras sin comprar nada. Mirar tiendas por el placer de mirar, probarse esto o aquello y luego dejarlo allí. Uno no puede comprar todo lo que ve, pero sí puede probar/probarse todo lo que le gusta. Recordar que el juego de la Cenicienta es un juego infantil para adultos y no hay que jugarlo porque nos sintamos pobres sino para divertirnos. No recomiendo comprar y luego devolver la mercancía porque no es ético –en mi opinión.
Actividades en casa: hobbies o pasatiempos.
  1. Aprender artes manuales: los origamis, por ejemplo.
  2. Cuidar y jugar con nuestra mascota, si tenemos una.
  3. Dedicarle tiempo al proyecto o sueño de nuestra vida. Hacerlo realidad.
  4. Escuchar música. Intercambiar música con amigos a través de bluetooth. Escuchar la radio, sus noticias.
  5. Redecorar la casa cambiando los muebles y los adornos de lugar, así creamos nuevos ambientes.
  6. Sanear los armarios es una aventura de la que nos deshacernos de lo que ya no nos sirve; nos sorprendemos con los hallazgos; regalamos lo que no queremos y nos motivamos a remodelar lo que todavía puede servir, modernizándolo con nuevos diseños.
  7. Sembrar y cuidar las plantas ornamentales. Sólo necesitan agua y a cambio nos proporcionan oxígeno, belleza y paz.
  8. Hacer un huerto en el patio de la casa, la terraza o el balcón. Comer lo que uno produce no sólo es delicioso, sino también un regocijo.
     
    Podría seguir la enumeración de cómo atraer a nuestras vidas alegría y bienestar sin gastar un centavo. Pero cada cual puede hacerlo por sí mismo. La creatividad del ser humano es sorprendente: todos creamos nuestro universo de satisfacción. Siguiendo esta línea de pensamiento, con buena voluntad podemos crear más y más maneras de pasar el tiempo sin pensar en el dinero.
    Concentrarnos y disfrutar lo que podemos hacer –sin lamentar lo que no tenemos– nos da seguridad, confianza y entusiasmo.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Lyckostormen



Bild: Silvia Mar


Författare: Miguel Ángel Fraga



Nyheten skakade staden när den nådde fram. Pannor rynkades. Man lyssnade uppmärksamt till väderleksrapporterna. Stormen, med vindbyar på upp till 240 km/timman, förväntades övergå i kraftig orkan. Gatorna låg öde, folk gjorde sig beredda att ta emot lyckan som närmade sig.

En gammal, tandlös kvinna – som upplevt en liknande storm i sin barndom - kupade händerna kring munnen och skrek ut, till alla som kunde höra:

– Så går det! Så mycket har ni pratat om lyckan att nu kommer den att drabba er.

– Tyst, gamla häxa! –sa apotekaren och stängde sin butik.

Om stormen skulle påverka allt, vart skulle då alla känslor och sinnesröreser ta vägen. En mager dam tömde sitt smyckeskrin för att få plats med all sin fåfänga. Hon hade rusat till banken för att placera den i ett kassafack – men banken hade redan hunnit stänga. De högre tjänstemännen hade åkt iväg för att rädda ränta, hypokresi och intrig. De anställda, å sin sida, såg till att gömma undan osäkerhet, lydnad och feghet.

Var och en gömde undan det de var mest rädda att förlora. Skyndsamt rörde de sig fram och tillbaka i sökandet efter säkra gömställen för sin bitterhet, sitt agg och sitt hat.

En äldre man grävde ner frustrationer och drömmar om återupprättelse han haft under hela sitt liv, på bakgården av sitt hus. Stormen skulle inte kunna gräva upp dem från underjorden. Stadens berömda sopran tog arrogans och avund till sitt bröst. Hennes man gjorde en kraftansträngning och stoppade ner en enorm dos svartsjuka som han blandade med egoism och trångsynthet.

På samma sätt gjorde andra med tvivel, leda och likgiltighet. Skräck och rädsla bars ner i källare för att skydda dem från vind och regn. Stolthet och högfärd placerades i fästningar. Vrede och förtal gavs skepnad av glädje och entusiasm, och planterades sedan i euforins trädgård.

De som hade glastak täckte över dessa med chimärer för att lyckan skulle vara barmhärtig mot dem. Ingen tog hand om generositeten och altruismen, som lämnades åt sitt öde.

Stormen var nästan framme; det var bara ångesten kvar att gömma. I hastigheten tog man den på sig, och maskerade den med ett pansar av mod och tapperhet.

Störtregn översvämmade staden. Åska och blixtar. Stormen drog fram som en ängel och förstörde osäkerhet och prövningar.

Ett fåtal gick ut på gatorna, de som hade sparat förhoppning och frigjordhet. De ville uppleva känslan av befrielse. Vinden tog dem med sig.

Vittnen till händelserna blev de som inte kunde gömma sin nyfikenhet och sin oförsiktighet. Genom sina fönster såg de hur virvelvindar tog dem som i god tro gick ut för att möta och tacka lyckan, och placerade dem i ett moln. Medan molnet lyfte dem mot himlen tog de glatt och kärleksfullt farväl.

Sedan blev det tyst. En skrämmande tystnad lik den frid som de inte skulle uppleva, som klamrat sig fast vid jorden. Stormen var över.

Så småningom började folk komma fram från sina gömställen och sätta tillbaka vanor och seder på sina platser.  Ingen ville prata om det som hänt. Press och TV-nyheter valde att inte rapportera i detalj eller beklaga förluster. Man arbetade för att glömma, genom att sprida nyheter om girighet och konsumtion, tävlingsarrangemang och krigshändelser. Kvarteren vaknade åter till liv, butikerna öppnades och livet återgick till det vanliga. Bara ett litet barn, som med tiden blev vuxen, fortsatte prata om lyckan, som han sett passera utanför sitt fönster.
maj 2014 
Översättning: Helena Persson

martes, 1 de septiembre de 2015

Tormenta de Felicidad





Foto: Silvia Mar


La noticia llegó a la ciudad con sobresalto. Los entrecejos se arrugaron. Con atención se escucharon los partes meteorológicos. Se esperaba que la tormenta, con rachas de vientos superior a los 240 kilómetros por hora, se transformara en un potente huracán. Las calles quedaron desiertas, la gente se preparaba para recibir la felicidad que se avecinaba.


Una vieja desdentada –que había superado una tormenta semejante en su infancia– hizo bocina con las manos para culpar a aquellos que alcanzaban oírle.


– Tanto habéis hablado de la felicidad que por fin se les viene encima.


– ¡Cállate, bruja! –dijo el farmacéutico y cerró su negocio.


Si la tormenta barría con todo a dónde irían sus sentimientos y emociones. Una señora adusta vació su joyero para colocar en él toda su vanidad. Corrió al banco para conservarla en una caja fuerte, pero el edificio ya estaba cerrado. Los funcionarios habían partido para poner a buen recaudo al interés, la hipocresía y la intriga. Por su parte los empleados se preocuparon en esconder a la obediencia, la inseguridad y la cobardía.


Cada quien protegía lo que más le dolía perder. De prisa se movían de un lado a otro buscando sitios seguros para sus amarguras, rencores y odios.


Un anciano enterró en el patio de su casa los sentimientos de revancha y frustraciones que le acompañaron durante su vida. Debajo de la tierra la tormenta no los sacaría. La soprano prominente de la ciudad acogió entre sus senos a la arrogancia y a la envidia. Su marido, con gran esfuerzo introdujo en sus bolsillos una enorme cuota de celos y los mezcló con egoísmo y angustia.


De igual manera hicieron otros con la duda, el aburrimiento y la apatía. El pánico y el terror fueron llevados a sótanos para protegerlos del viento y la lluvia. Al orgullo y a la soberbia los acomodaron en sitios fortificados. A la ira y a la maledicencia le dieron apariencia de alegría y entusiasmo y los sembraron en el jardín de la euforia.


Los que tenían techo de vidrio, cubrieron estos con quimeras para que la felicidad tuviera misericordia de ellos. Sin ocuparse de la generosidad y el altruismo, los dejaron a su libre albedrío.


La tormenta ya estaba aquí, sólo faltaba ubicar al miedo. Ante la urgencia, con él se vistieron y lo enmascararon con la coraza del coraje y la valentía.


Lluvias torrenciales inundaron la ciudad. Truenos y centellas. La tormenta llegó como un ángel derribando toda tribulación.


A la calle salieron unos pocos, los que guardaban sentimientos de emancipación y esperanza. Ellos quisieron sentir en la piel la experiencia de la liberación. A estos se los llevó el viento.


Testigos del suceso fueron aquellos que no supieron ocultar la curiosidad y la imprudencia. Asomados a las ventanas vieron como un torbellino colocaba en una nube a los que con fe salieron a recibir y agradecer la felicidad. Mientras la nube los elevaba hacia el cielo, decían adiós con regocijo y amor.


Después hubo silencio. Un silencio sobrecogedor similar a la paz que no llegarían a conocer los que se aferraron a la tierra. La tormenta había pasado.


Poco a poco la gente fue saliendo de sus escondrijos y restituyendo a su lugar sus arraigos y pasiones. Nadie quiso comentar el suceso. En la prensa y los telediarios se prefirió no dar detalles ni lamentar las pérdidas. Estimularon el olvido con noticias recientes sobre la avidez y el consumo, los eventos competitivos y las contiendas bélicas. Los barrios se fueron animando, se abrieron los negocios y la vida retornó a la normalidad. Sólo un niño, que con el tiempo se hizo adulto, habló sobre la felicidad que había visto pasar por su ventana.


Autor: Miguel Ángel Fraga, mayo 2014