Casiopea. Monólogo escrito para Sumiko, niña de seis años.


Se ha dormido y me pregunto si va a despertar. Tarda mucho en moverse. Pienso que está triste por vivir sola dentro de la palangana. No tiene mucho paisaje. Si alza un poco el cuello, sólo verá los mosaicos de la cocina. Cuando le hablo no responde. Se ha olvidado de mí y tengo pena. Entonces... qué puedo hacer. Ya he intentado tantas cosas. Le digo secretos al oído, pero se resiste a mover una pata. Está dormida, está dormida. Sólo en eso quiero pensar. ¿Qué haré? Ella es mi fantasía; es la jicotea que resume mis sueños. Por eso se llama Casiopea. Antes era feliz, pero parece que se aburrió de la misma piedra. Necesita algo más. Yo no puedo ofrecerle tanto. Quisiera tenerla conmigo, soy su amiga. Pero si continúa así... los amigos debemos ayudar a los amigos. El dolor de perderla no será un sacrificio. Si su libertad acabará de una vez con su sueño, entonces que sea libre. La amistad no es un compromiso. La llevaré al río para que pueda encontrar a otras Casiopeas. Le daré un beso y le diré: ya puedes abrir los ojos.

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