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Mostrando entradas de marzo, 2009

Lo perfecto

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El ser perfecto es un hombre muy interesante. Todos le respetan porque tiene gran sabiduría. En cualquier sitio donde se encuentra la gente se toca con el codo y hace alguna referencia a su persona. Coinciden en que no tiene sombra que empañe su reputación: es un ejemplo para las buenas costumbres. El ser perfecto no ha cometido pecados y se sabe que es improbable que pueda cometerlos. Incapaz de dejarse arrastrar por los impulsos, la tentación o el vicio, no es libidinoso ni parrandero, no hace bromas y ríe poco; no le gustan las riñas ni las peleas de gallos; nunca ha tenido de qué avergonzarse ni nada que colabore con su vanidad. El ser perfecto –como le llaman– es prácticamente perfecto y por ello, muchos evitan su roce. Algunos para no manchar su castidad; otros, para no realzar sus propias máculas. De cualquier forma, el ser perfecto es un ser muy solitario. (del libro Parábolas para una oreja sorda de M. Á. Fraga)

Con el un, dos, tres

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Cuando me invitó a participar en un curso de salsa la miré con suspicacia. ¡Cómo un cubano va a recibir clases de salsa en Europa si yo vengo de la mata, donde la sal y la pimienta se almacenan en barriles! De eso nada, sabor y meneo me sobran. Pero nos falta técnica, mulatico, me dijo con una sonrisa dulce y pícara. Y para que bajara la guardia, añadió: Es que necesito un partner. Eso está mejor, pensé yo. Si es por acompañarte... no se ofende mi orgullo de bailador. Pero eso que el profesor sea un chileno... si todavía enseñara la cueca... Para no ser larga la introducción acepté o aceptamos. Después de discutirlo entre la pandilla reconocimos a nuestro pesar que, aún siendo cubanos acostumbrados a mover la cintura a ciento cincuenta revoluciones por segundo, el baile no es nuestra principal virtud. También superamos el prejuicio de que sea precisamente un americano del sur quien nos mostrara la salsa que se baila en Europa. Ah, bueno, si es la salsa de Europa, eso es almidón de otr

Los grandes jefes

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Tan complicado llegó a ser el mundo que se convirtió en un gran hormiguero. Los grandes jefes ante el peligro de un estallido social que hiciera hervir al orbe, se reunieron en asamblea sumaria para impedir, en lo posible, el avance del caos. De todas partes del globo terráqueo llegaron los grandes jefes en representación de sus gobiernos. A puertas cerradas, con exclusión de periodistas y reporteros, discutieron los problemas y conflictos a solucionar y la debida justicia que se administraría en lo adelante. Los grandes jefes, individuos muy justos, trataron de actuar con entera prolijidad sopesando los pro y los contra que afectarían sus condominios. Cuarenta días con cuarenta noches duró aquel encuentro en el que les fue difícil aprobar la nueva y única legislación mundial a la cual quedarían sujetas todas las hormigas. Como prueba de magnanimidad, estos grandes jefes guardaron su Constitución en un enorme castillo de azúcar construido para estos fines. El mismo sería inexpugnable

Las eras de René Vázquez Díaz

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Desde sus inicios como escritor René Vázquez Díaz ha transitado por arenas movedizas. Sin pertenecer al grupo de los “escritores malditos” censurados en Cuba durante y después del quinquenio gris, René ha recibido de alguna u otra forma el rechazo de posiciones políticas encontradas. Muchas cosas quedan en entredicho y tal parece que el escritor avanza por una cuerda que se tensa por la crítica de los que le exigen que se ate de una vez al pilar de la derecha o al pilar de la izquierda. En mi opinión, es esto lo que incomoda. La indefinición no es permitida si se pretende acreditar o desnudar un imperio. Sin embargo, por fuerza u honestidad nadie queda indiferente y, como a un animal peligroso, le siguen los pasos. El giro que ha tomado su narrativa y el compromiso social que asume lo convierte en un escritor polémico. Aún así su obra trasciende los panfletos y los estereotipos literarios. El premio Juan Rulfo que recibió en 2008 lo confirma. Cuestionable o no, en su obra no hay sutur

Amiga Endocrina

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Te escribo para contarte lo que pasó ayer en el barrio de la Tibia. Estaba yo, casualmente, paseando por la línea áspera cuando me tropiezo con el marido de Psoas, la que le puso a su hijo Iliapsoas para combinar el nombre de ella y del marido. Bueno, Ilíaco me saluda muy amable y se me ocurre comentarle que Ischia, su anterior mujer, se había metido en el Acetábulo. Para qué le dije. Allí mismo empezó a hablar pedis de Ischia, la pobre, que si se hace la infraspinata y la fibular cuando todo el mundo sabe que le cogieron el cullum en la cafetería por el tractus iliotibialis. Habló tanto que Condylus saltó a defenderla como un cuboideum. Tremendo articulatio. Ilíaco, que es trapezudo, no se aguantó y le pegó a Condylus un sesamoideo por la facies medialis que lo tiró para la fossa trochanterica y le partió el labium mediale. Pero ahí no paró la cosa. La membrana cruralis se siguió enredando cuando Femur, el del caput longus, se metió para defender a Condylus. Le supranó un soleo a Ilía

Tertuliando con la pandilla

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Hace un tiempo atrás Vanessa me confió sus manuscritos para que le diera mi opinión. Yo quedé fascinado con la lectura y a partir de ese momento me convertí en un fiel lector de su obra que disfruto a modo de capítulos por entrega. Hasta el momento le había dado mis criterios y algunas recomendaciones con ánimo de estimular su creación, pero una vez que el libro ganó en cuerpo le propuse realizar la lectura de una parte del mismo ante un público; así tendríamos un mejor estado de opinión. Con gusto aceptó. En principio pensé organizar la tertulia en el Café Banjo, un sitio acogedor y pequeño. Allí solían reunirse en las tardes chicos y chicas homo-bisexuales. Pero cuando Vanessa y yo acordamos visitar el lugar para presentar nuestro proyecto, Anders el de bigotes de felino, más actualizado que yo en temáticas de aperturas y cierres me preguntó: ¿Para dónde vas si Café Banjo cerró hace un mes? Y con ironía añadió: Es que no lees las noticias. Bueno, Vanessa, lo haremos en mi casa, le di

Vanessa en la tertulia

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“Cuando yo tenía diez años vi un documental sobre una chica en Estocolmo que quería cambiarse el sexo”. Así comienza la historia de Vanessa. Homosexualidad, bisexualidad, travestismo, transexualidad, son palabras o términos que escuchamos a menudo. Todos tienen una raíz común, la sexualidad humana; pero no deben confundirse. Cada uno alberga su propia definición y por ende su propio sino, o su drama, o su tragedia. En nuestra tertulia del viernes 27 de febrero nos concentramos específicamente en la transexualidad. ¿Cuántos no han cotilleado al saber que alguien es transexual? Asombro, duda, curiosidad, morbo, ira, burla, son reacciones espontáneas que aparecen de inmediato en una conversación de este tipo. Prejuicios, discriminación, tolerancia, aceptación. Vanesa López ha decidido escribir sobre su vida y con mucho valor leyó fragmentos del libro que está escribiendo como un testimonio ficcional. También podría leerse como una novela donde aflora el mundo interior de la persona que h