viernes, 30 de abril de 2010

El gran aguafiestas


Mientras leía el libro que Paquita acababa de obsequiarme –un ejemplar de Moro, el gran aguafiestas (una biografía de Carlos Marx) – mi sobrina se acercó curiosa.

Si extrañamiento me produjo que un chileno de 30 años preguntara en una de nuestras tertulias en Suecia quién era Lenin y de qué trataba el embargo cubano, atónito quedé cuando mi sobrina que pronto entrará a la universidad con altas calificaciones en Historia, Matemática, Español (y abundantes faltas de ortografía) no supiera –viviendo en un país marxista por excelencia–, quién era Carlos Marx ni Federico Engels.

Dejé de leer de inmediato. Para mayor asombro, tampoco había oído hablar de William Shakespeare. Me hubiera gustado acercarme a sus amigos reguetoneros para improvisar una charla de temas culturales y sociales. Preguntarles qué conocían de la antigua Grecia (o la moderna) y quiénes fueron Carlomagno y Napoleón Bonaparte (porque no se me hubiera ocurrido preguntar si sabrían distinguir entre las tres madame francesas famosas: la Pompadour, la Du Barry y la Bovary). Con buen tino no hice nada de lo pensado porque “qué se habrá creído mi tío, venir de tan lejos a dar lecciones de cosas que no sabemos dónde están y además qué nos importan”. Mi intervención hubiera sido petulante y fuera de contexto, según reconoce mi sobrina sus conocimientos se limitan al largo lagarto verde que navega en su mapa: el santoral de héroes, patriotas y mártires con la granjita Siboney y el Gramma incluidos. Aunque no conozcan a Shakespeare ni a Marx están al corriente de los doce premios Grammy que ha obtenido el grupo de hip hop Calle 13, los más actuales filmes de vampiros y las series de televisión Perdidos y Mujeres Desesperadas. Mi sobrina conoce a la sirenita de Disney pero no le preguntes por el autor del cuento original.

Yo, que era su tío, debí haberla instruido en esas materias, a fin de cuentas yo era un intelectual –eso me dijo bien fresca y sin vergüenza. Aunque ella no recuerde la lista de autores cubanos que ella misma me pidió y que presto le envié por e-mail cuando comenzó el preuniversitario, tal vez se acuerde de la novela brasileña que en aquél momento transmitían en la TV.

Como tenía reciente la anécdota de Paquita Armas sobre la profesora que le recomendó una serie de lecturas para que fuera una persona medianamente culta y con tan buena suerte, en su libro Moro, el gran aguafiestas aparecía un oportuno índice onomástico, comencé a subrayar los escritores, poetas, filósofos y personalidades que a mi juicio una adolescente de 17 años debía conocer o al menos tener referencias. Este y este y este y este. Con saña subrayaba los nombres de H. C. Andersen, Honorato de Balzac, Robert Burns, Miguel de Cervantes, Dante Alighieri, Carlos Darwin, Demócrito, Fiódor Dostoievski, Alejandro Dumas, Epicuro, Espartaco, Esquilo, Los hermanos Grimm, Homero... La que estaba asombrada ahora era mi sobrina. ¡Tanta gente! Hizo una mueca indescifrable. Franz Liszt, Walter Scott, Ricardo Wagner... De tan relajada que tomó mi idea se le escapó un bostezo. Beethoven, Franz Kafka... El timbre del teléfono la despabiló. Disculpa, tío. Como si fuera la campana de la salvación corrió hacia el aparato. ¡Yudeisy! ¡Dime, dime! Y se alejó sin decirme tan siquiera regreso pronto. Yo no me contuve, excitado y con mal genio, seguí añadiendo nombres a la lista que me parecía insuficiente. Chaplin, Gógol, Goethe, Anaïs Nin, Stevenson, Mata Hari, Lorca, Lutero, Nixon, Vargas Llosa, Margaret Thatcher, Carpentier, Virgilio, Lezama... Mi furia poco a poco fue cediendo. Después de todo, mi sobrina no era culpable de su ignorancia sino un resultado del período de enseñanza de los maestros emergentes (improvisados profesores en su mayoría adolescentes) que lejos de salvar la educación de los años duros del período especial la hicieron pedazos.

Cuando terminó su conversación telefónica, yo estaba esperándola con la biografía de Carlos Marx en la mano, la que Paquita Armas había escrito fundamentalmente para los jóvenes como ella. Me prometió leerla y buscar, además, información en Internet y en las bibliotecas sobre las personalidades que yo le había sugerido. Cuando terminé de leer el libro se lo dejé en una esquina de la mesa del comedor para que lo tuviera a mano.

No hablamos más del asunto. Pasó el tiempo y con él las semanas hasta que llegó el día de mi partida a Suecia. Los abrazos, los encargos, las promesas, y la última mirada por los rincones a modo de despedida. Mis cosas estaban empacadas (o distribuidas), sólo el libro de Paquita continuaba en el sitio donde lo había dejado como el gran aguafiestas.

lunes, 26 de abril de 2010

Entrevista a Paquita Armas.

Los periodistas no suelen ser entrevistados porque precisamente su labor es entrevistar y dar testimonio de lo que acontece. Pero cuando ellos publican un libro es la oportunidad para que sean atractivos a otros periodistas. Aunque no me cuento entre los periodistas me gusta jugar a serlo. Por eso animé a Paquita Armas Fonseca –a propósito de haber presentado su libro Moro, el gran aguafiestas (una biografía de Carlos Marx) [Ed. Pueblo y Educación, 2009] en la Feria del Libro de la Habana– a que respondiera a mis preguntas.

Paquita es licenciada en Periodismo en la Universidad de Oriente; se ha especializado en el ámbito cultural en lo referente a cine, radio y televisión; es miembro de la UNEAC y fue Jefa de Redacción de la revistas Somos Jóvenes y Caimán Barbudo, y también la directora de esta última publicación. Es coautora del libro Embajada de Perú, Análisis de una campaña propagandística, y publicó además los volúmenes La vida en cuadritos, un libro de entrevistas sobre historietas y Páez, una auténtica esperanza frente al cáncer, acerca de la historia de un sanador. Tiene como reconocimientos la Distinción por la Cultura Nacional, varios premios Caracol y 26 de Julio.

¿Cómo iniciaste tu labor de periodista?
Me haces recordar una etapa ya un poco lejana. Pero ¿sabes lo primero que estudié? Física y Matemática, la carrera profesoral. Y modestia a un lado era muy buena en esas ciencias, tanto que lo primero que publiqué fue una especie de relato con el título Mira, el vaso está sudando sobre el proceso de evaporación y condensación del agua. No pude terminar la carrera porque no aguanté la carga de dar clases: cada alumno que me sacaba baja nota o desaprobaba, me parecía una derrota. Llegué a enfermarme y me dieron una licencia. Para no estar sin hacer nada empecé a trabajar de correctora en el Periódico Ahora, de Holguín, de allá soy. Allí tuve un excelente maestro Cuqui Pavón y un viejo periodista me hizo una advertencia: "Piénsalo bien antes de entrar a este mundo, el periodismo es como la marihuana, después que se prueba no se puede dejar". En mi caso ha sido así.

¿Qué es lo que más te atrae del periodismo?
Conocer. No me cansaré de vivir el asombro ante una persona interesante que conozca o ante un hecho novedoso sea cultural, científico o social. El que es periodista lo es hasta durmiendo. No puedes hacer nada que no relaciones con la profesión. Es una carrera estresante pero te da muchas satisfacciones. Además si miras la biografía de grandes escritores la gran mayoría han sido periodistas, por algo será.

Háblame de aquella profesora que te motivó a leer una lista de obras de autores tanto nacionales como internacionales. ¿Qué objetivos tenía aquella lectura?
¡Ah! La Dra. Adolfina Cossío, fue una de las mejores profesoras que yo he tenido, y he tenido muchos excelentes. El lío es que yo le pregunté un día que libros una debía conocer para ser medianamente culta. Me hizo una lista y como una buena parte yo lo había leído, dos años después tenía cubierta la propuesta de autores y obras. Hace poco encontré el papel amarillo por el tiempo y revisé la lista. No tiene figuras imprescindibles como Alejo Carpentier, García Márquez y Mario Vargas Llosa, por citarte algunos ejemplos, y no se puede ir diciendo que una tiene cultura sin haber leído al menos El siglo de las luces, Cien años de soledad y Conversación en la catedral. Claro, la selección la hizo mi maestra, una mujer cultísima, en 1976, han pasado 34 años que han marcado otros referentes literarios. De la Cossío tengo otro recuerdo valioso. Las Paquitas -tú lo sabes- son Franciscas, y un día que ella estaba pasando la lista en el aula cuando dijo mi nombre le dije: "Llámeme Paquita, por favor. Eso será hasta que me cambie el nombre". Me miró y a la otra clase en el receso, me dijo que me acercara. Llevaba un libro con el origen y significado de los nombres. Me señaló una página y vi "Francisca, de origen teutón y significa libertad." La Dra. acotó: "No conozco a nadie que ame más la libertad que tú, así que no te cambies el nombre”. Por eso cuando uso un seudónimo firmo Libertad.

¿Por qué otra vez Carlos Marx?
No es exactamente otra vez, es el mismo libro -Moro, el gran aguafiestas- reeditado 20 años después. Y si, estoy muy contenta por esta nueva edición porque espero, ruego, aspiro que tenga nuevos lectores y como hace dos décadas que sean jóvenes. Porque siempre será Marx el filósofo que en lo personal me enseñó a entender no sólo la sociedad sino al ser humano. Con él aprendí el valor de la dialéctica y muchas cosas más hasta hacerme marxista, tanto como para decir que si encontrara otro legado filosófico más coherente y realista que el de mi Moro, yo no dudaría en abrazarlo, como mismo haría Marx de estar vivo.

Escuché o leí que estabas interesada en escribir sobre Federico Engels. ¿Será acaso que quisieras hacer una biografía abarcadora sobre el marxismo?
Con Engels me siento en deuda. Es el ser humano más noble, desinteresado y altruista que he conocido. ¿Sabes de alguien, en la realidad o la ficción, que dejara de hacer su obra para trabajar y ayudar a un amigo? Tengo además tanta información que es ponerme a escribir, pero el fantasma de Marx aún está aferrado a mi hombro.

Moro, el gran aguafiestas es un libro que devela el lado íntimo de una de las figuras que marcó nuestro tiempo. ¿Crees que los héroes de la Revolución Cubana podrían ser tratados humanamente como tú trataste a Marx en tu libro?
Por supuesto que sí. No sólo que podrían sino que deberían ser tratados así. Nunca un gran hombre se hace más cercano que cuando muestras su esencialidad humana.

¿Como periodista te atreverías a escribir sobre los líderes actuales de la Revolución, a mostrar su lado tierno, romántico, humano?
Si me preguntaras si quisiera escribir sobre esos temas te diría que sí. El deseo lo tengo pero las herramientas no. Yo estoy "manoseando" las vidas de Marx y de Engels desde hace cuarenta años, he leído sus cartas, sus versos, sus dudas y por supuesto sus grandes obras. Los conozco como si se sentaran a hablar conmigo en la sala de mi casa. Yo no tengo esa información sobre los héroes contemporáneos. Hace algún tiempo un buen amigo me decía que porqué no hacía sobre José Martí un libro como el de Marx. No puedo. Yo a Martí lo he leído pero no lo he estudiado, ni investigado como a los ilustres alemanes. Mira, Antonio Maceo es una figura que me fascina, alguna vez empecé a buscar información pero no seguí porque me di cuenta que era un trabajo de años y de tiempo que no tengo.

¿Qué haces actualmente?
Escribo mucho periodismo en La Jiribilla, El Caimán Barbudo y el portal de la televisión. Soy vicepresidenta de la Asociación de medios audiovisuales de la UNEAC y tengo ahí "mucha pincha". Sigo debatiendo con jóvenes, lo que me encanta, mientras pueda hacerlo querrá decir que mi pensamiento no ha envejecido. Atiendo a mi madre que cumple 98 años en septiembre. Ya no bebo por mi gastritis crónica, pero sigo recibiendo y hablando con mis amigas y amigos.

Proyectos inmediatos y futuros.
El primero es vivir con mente sana en cuerpo mas o menos sin problemas. Si ese primer proyecto se cumple entonces seguiré escribiendo sobre televisión, cine, literatura, filosofía y asuntos sociales y terminaré mi acercamiento biográfico a Engels.

viernes, 23 de abril de 2010

Clausura de la 9na Muestra de Nuevos Realizadores del ICAIC


Sin proponérmelo –sólo porque cayó en mi mano la invitación– me encontré sentado en una de las butacas de la Cinemateca para presenciar la clausura de la Novena Muestra de los Nuevos Realizadores del ICAIC. Con sinceridad admito que no vi nada de lo que se exhibió durante el festival por lo que no tengo criterio para juzgar esto o aquello. Lo que sí, como público asistente a la entrega de los premios, tal entrega me pareció una grandísima M. El espectáculo duró menos de tres cuartos de hora. Sin presentadores ni conductores, un mago se encargó de la apertura para hacer aparecer en escena al modelo estampado en la invitación (un ninja o algo parecido) que mi ignorancia me impide aportar más datos.

A continuación se exhibió un filme (sin pausa) que daba a conocer las nominaciones y a los premiados. Un personal situado en la primera fila se encargó de hacer llegar los premios y diplomas a los ganadores que apenas se levantaron de sus asientos para recibir unos cortos aplausos y siéntense otra vez que el filme con los nominados está rodando. Nadie subió al escenario, nadie expresó opinión ni agradecimientos. Y... de repente el filme dejó de proyectarse. Yo supongo que faltaba un rollo, pero uno de los organizadores (de los que estaban en la primera fila), amplificó la voz (porque tampoco había micrófono) para comunicar que la actividad se había terminado, que nos podíamos ir. Mi esperanza era ver algo de los cortos premiados, pero nada, sin desearnos tan siquiera buenas noches, nos echaron pa’ fuera. Cuando la humillación es colectiva, la vergüenza toca a menos, así que sin protestar (ni aplaudir) nos levantamos y nos fuimos con pasmosa docilidad. Ná, que estamos acostumbrados a estos desplantes. Yo no me quedé para averiguar qué había pasado. En realidad no me había enterado de nada. Tampoco conocía a los jóvenes realizadores, ni tenía idea de que entre los premiados estaba el grupo Los Aldeanos. Con disgusto y dignidad busqué nuevos aires en la noche habanera porque si me echan, me voy.

Revolución de Mayckell Pedroso obtuvo el premio al Mejor Documental y además los premios de Dirección y Edición. Fue el gran ganador del festival y deduzco que por eso la premiación acabó de forma abrupta. El filme está dedicado al grupo musical underground Los Aldeanos. Lamentablemente no puedo dar más información sin hacer conjeturas. Si alguien tiene noticias o respuestas de lo que realmente pasó que deje su comentario. Mientras tanto, en YouTube pueden ver el documental. Lo recomiendo.

http://www.youtube.com/watch?v=aUiCw3Gmqa8

El filme de ficción más premiado fue El cuarto 101 del director Pedro Luis Rodríguez. Obtuvo premios a mejor ficción, dirección, fotografía, dirección de arte, edición, sonido, producción y actuación masculina. ¿Le faltó algún premio?

No he visto el filme salvo el fragmento que exhibieron repetidas veces en el documental de los nominados. El cuento original del venezolano Luis Brito aparece en el sitio http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2008-08-31/el-cuarto-101/

Por si quieren saber más del evento, aquí les dejo el link con los premios.

http://www.cubacine.cult.cu/muestrajoven/index.html

martes, 20 de abril de 2010

Cuba, la obsesión. (Parte 4)

¡Ya te vas! ¿Qué me vas a dejar? El pantalón, las chancletas, el calzoncillo, cualquier cosa, dame un salve.



Voy en pira, asere. Me voy, me voy. Avenida Rancho Boyeros por ahí pa’ llá. La cosa está como para no quedarse. ¿Nos vas a extrañar? Claro, Cuba es como una india despintada a la cual tengo cariño por sus mañas y pericias. Despacho sin orden los presentes que me sobran, parte de mi aseo personal y todo lo que supongo podré recuperar en Suecia. Esos son los regalos de despedida que dejo para que no me olviden tan pronto. No tienes que devolverme el pulóver, quédate con él, bueno, con los dos. No me digas que vas a guardar para cuando yo regrese la crema hidratante que se me olvidó en tu casa, quédatela. Este dinerito es para ti. Mejor cámbialo y dale la mitad a tu hermana. ¡Quédate hasta el domingo, vamos a formar tremenda fiesta! Me gustaría pero no quiero pagar a Emigración 25 CUC por continuar pisando el suelo patrio, además no sé lo que la aerolínea quiera pedir por una nueva fecha de vuelo. Un abrazo mi socio... Adiós.


¡Ñó, qué cola! Ni porque llegué temprano. Esto está prendío, ¿a qué hora comienzan a chequear los turistas? ¿Cuántos vuelos saldrán hoy? Check in. Aquí tiene el boleto para abordar el avión hacia Paris y el boleto del vuelo para Copenhague. En la ventanilla de impuestos de aeropuertos le entregarán un sello por valor de 25 CUC. Oye, señora, no se cuele que yo estoy en lo mismo que usted. La cola empieza allá, al final. No me tiene que tocar, por favor. Si no se quita la empujo. El próximo soy yo. Se repugna, arquea una ceja. Yo arqueo las dos y cambio el bolso de hombro.

Ahora viene lo peor. Todos los que se quieren ir se han concentrado frente a las cabinas de controles de los pasaportes. Alguien está llamando a los pasajeros retrasados del vuelo a Moscú. ¿Usted para dónde va? ¿Madrid? No, yo voy para Francia. Todos en la misma maraña cabrona. Ocho cabinas y quinientas personas pretendiendo ser los primeros en la cola de la papa, digo del control de pasaporte. Dios mío, yo no quiero perder el avión. ¡Moscú! ¡Moscú! ¿Por qué no llamarán Paris? El billete dice 20:25 hora de embarque y yo tengo las 20:50. El avión despega a las 21:20. Usted no va ahí. Ahora soy yo el que se cuela, el que intenta pero no lo consigue, todos quieren –tanto extranjeros como nativos– salir de Cuba, a como dé lugar. Le he dicho dos veces que usted no va ahí. Mi vuelo se va a las nueve y veinte ¿y el suyo? Señorita, por favor, ayúdeme, mire, pero mire para que se entere, en diez minutos perderé el vuelo y yo ya entregué mi maleta. ¿Qué va a pasar con ella? Si usted no vuela su maleta se bajará del avión. No, no, que no bajen nada que yo me monto. Permiso, permiso. Qué cosa é, yo me voy en este vuelo, en el que me toca. Policía... Gracias, señorita. Menos mal que está usted poniendo orden (le hubiera dado un chocolatín pero no me quedan más). Sonrisa. Pasaporte, boleta de salida... Usted reside en el exterior, ¿verdad? Deme el otro pasaporte. ¿Algo más? Mire para la cámara, así, de ladito. Tiempo, búsqueda. El avión... creo que siento hasta los motores. Que tenga buen viaje. Gracias. Sonrisa hipócrita. Apúrate que te quedas. ¡Queeeeee! ¡Más cola! Control de seguridad. Por suerte no tengo chaleco ni cinto porque los dejé en tierra pero tengo 60 personas delante de mí. Pasajeros del vuelo 2350 con destino Paris por favor presentarse urgentemente en la puerta de embarque. Me están llamando, no lo oye, permiso, permiso, yo no me voy a quedar. PERMISOOO. Signorina... ¡Madame! Madame, permiso. Maletín aquí, no tengo ni cinto ni sortijas ni líquidos ni ordenador ni monedas ni nada de nada. ¡Ya! Uf, listo, gracias. ¿Y ahora? ¡A correr!


Me siento y de inmediato me ajusto el cinturón (para estar bien seguro). Las aeromozas rocían perfume francés con sendos atomizadores por los corredores del avión. ¿Querrán con esto enmascarar el olor tropical que los turistas llevan en los sobacos? Cierro los ojos, la nave se separa de tierra firme, trato de reconciliarme con Cuba... Por suerte puedo escoger y prefiero la nostalgia.

jueves, 15 de abril de 2010

Cuba, la obsesión. (Parte 3)



Rara sensación. El turista es ese gallo colorido al que se pretende desplumar. Para eso ha venido a esta tierra de color, sexo e ideales.

Conciencia, ¿qué es eso? Lo que importa es salvarse. Esa es la palabra: salvarse; y la frase común para pedir limosna “dame un salve”. Veo a un tipo sentado en el contén de la acera, es un tipo chévere, un bonachón que conversa con todo el que pasa por su lado mientras espera (con paciencia) a los que salen del bar con una botella de ron en la mano. “Pipo, échame un poquito aquí” –muestra sonriente el vasito plástico. ¡Cuánto puede este hombre beber gratis en una tarde!


Yo no tengo esta suerte (ni la cara). Gústeme o no, yo soy el que paga porque vengo de la tierra donde los dólares, los euros y las coronas saltan como salmones. Podría negarme pero qué puedo hacer ante algo que está sólidamente establecido como el Partido Único que hay en la isla. ¿Tengo otra opción?

Soy el Pagador. Para reafirmar la autoestima podría comportarme como el tipo duro que luce gruesas cadenas y sortijones de oro en los dedos. Podría afectar mi acento y llevar como disfraz the last look in Europe, enviar SMS, ver vídeos y escuchar música en un Apple IPhone 3G o mostrar al descuido la billetera desbordada de CUC y seis o siete tarjetas electrónicas (de lo que sean, todas tienen tamaño estándar). Podría conferenciar sobre los más recientes ofertas del consumismo, podría podría podría confirmar que soy el Pagador. Pago aquí dos cervezas y allá una botella de Carta Blanca y luego en la reunión a la que me invitaron llevo una de Habana Club añejo 7 años. Me dejarán que me luzca, que presuma de lo que me dé la gana, me consentirán siempre que pague.

No es justo tratar a todos por el mismo rasero. Hay muchas excepciones, gente buena, gente pobre, gente amiga que mantiene su dignidad. Pero ellos no son visibles. En este post me referiré a los otros, los que lamentablemente posan para la postal de La Habana con ron, música y picardía.

El cubano buscavidas piensa que el turista es un estúpido que se traga como refresco los cuentos de los desalmados, como si ese turista no estuviese expuesto a una mentalidad capitalista de supervivencia. Muchos (la mayoría) tienen que sudar bastante para reunir la plata que gastan y comparten con esos que se ufanan de luchar a diario en la calle para enfrentar la No-evolución.


El cubano visible, ese que pasea y se exhibe, es presumido, charlatán, opina sobre todo porque lo sabe todo, trae consigo el último chiste y la última noticia que –como es de suponer– se la dio un amigo (o familiar) que trabaja en las altas esferas. Estos visibles se quejan del infierno donde viven sonriendo para lucir los casquillos de oro que se han aplicado a los caninos. La mayoría de sus abalorios son dorados, mucho dorado. Los veo en las colas de los supermercados, en las tiendas, en los agromercados, compran tanto con pesos cubanos como con pesos convertibles.


El que menos tiene 1 CUC en el bolsillo. Viven en viviendas en mal estado por fuera pero cuando paso al interior descubro una TV a color, un DVD y un equipo de música mejor que el que yo tengo en mi casa. Como observador constato que hay gente que no se preocupa de producir absolutamente nada, veo desempleados que se gastan lo que tienen bebiendo alcohol y discutiendo de béisbol, mujeres que compran cualquier cosa con tal de comprar algo, veo ofrendas a orishas y fiestas de santos que cuestan lo inconcebible. La gente visible se queja de que no hay na’, ni comida, ni entretenimiento ni na’. Yo veo jóvenes bailando en las discotecas con D&G, Emporio Armani, Versace, Adidas, Calvin Klein, Converse.


La cultura de la neomiseria es presumir de ella, quejarse de tantas carencias sin pretender cambiar el sistema porque han sido adoctrinados para que las cosas sean y sigan siendo inamovibles. Trabajar para qué si lo que me pagan es una mierda. ¿Sacrificarme? ¿Coger lucha? Desde pequeño me he sacrificado bastante. No vale la pena, chico, esto no hay quien lo arregle ni quien lo tumbe. La apatía se respira en cada dependencia del Estado. Más que miseria, veo abandono. La única salida es la evasión, el deseo de huir, de volar (¿a Madagascar?). La costumbre lo empatrona todo y dan por sentado que por su aguante merecen ser abastecidos con donaciones y facilidades gratuitas. Es una alternativa de vida. Que no se le ocurra a un extranjero aparecerse con las manos vacías. ¡Qué tacañería, por dios! ¡Qué falta de humanidad!

Yo también viví en la isla y, como todos los isleños, tuve ambiciones, desesperanzas y frente al mar me preguntaba qué había más allá de las olas. Puedo comprenderlos y justificarlos. Pero precisamente por conocer la tierra que piso, conozco también sus frutos. En ese intermedio –mitad extranjero mitad cubano– escucho las anécdotas de los vampiros. Le fui pa’ rriba al yuma como gavilán con hambre. El temba no soltó prenda pero me llevé su fosforera. En cuanto me dé la oportunidad le saco hasta las bilis. El objetivo es canibalear, arrancarle el último centavo al extranjero, total, después él se va. Yo no soy yuma, tampoco me asumo como tal, pero vengo de “distante rivera”. Nos vemos esta noche, pipo, no te olvides de traer la crema que me prometiste.

Mis amigos me esperan con la alegría de recibir algo (para salvarse). ¿Cogemos un taxi? ¿Me vas a invitar? –pregunto por curiosidad. Soy cubano de a pie. En Suecia, en España, en Italia, en Londres, viajo en transporte público. Mis amistades (mejor vestidas que yo y haciendo alarde de sus gafas y celulares) se asombran. ¡Con tanta gente que hay en la parada no llegaremos nunca! Siento que no han tenido la oportunidad de coger un metro en Madrid o en Berlín en los horarios picos. No tengo ninguna intención de pagar el taxi porque somos muchos y me tocará a mí pagar la entrada a la disco y la invitación al consumo y todo lo que se presente. Ni soy millonario ni pretendo dar esa apariencia. Viajo con lo mínimo permisible y la mitad lo dejo antes de marcharme. Me encanta regalar, ver sonrisas alrededor, pero mi apellido es Fraga no Paganini. Se me ocurre reflexionar sobre el turismo que se promueve actualmente. Mis amigos no tienen idea, pero les explico que se ha abaratado al punto de que cualquiera que se lo proponga (en los países desarrollados, especifico) puede planificar sus vacaciones. Hay muchas y buenas ofertas. Hoy en día volar en avión no amerita a nadie. En clase económica viajan estudiantes, trabajadores y pensionados. Los turistas suelen comprar paquetes de viaje que incluyen pasaje, hotel y desayuno. Islas Canarias, Tailandia, Cuba y el Caribe en general son destinos muy baratos. Aquí el turista puede darse los gustos que no se da en su país aunque pudiera; haciendo ahorros puede viajar a solearse en tierras exóticas, beber, hacer turismo sexual... Y viajar en taxi –completan la idea mis amigos. Pero yo soy cubano y qué casualidad, por ahí viene el bus.

Admito relativa vanidad en mi comportamiento, un cambio ideológico más radical, cierta susceptibilidad con las normas de aseo y limpieza. Uno cambia, crece, envejece. Pero no ando en plan de ostentación sino de rescate, pretendo chapotear mis orígenes. Brindo ron Castillo, Ronda y cerveza Bucanero; emprendo largas caminatas por la ciudad y me refresco con Tu Cola; me traslado en los buses P2, P6 y P9; los taxis, como las llamadas a teléfonos móviles, entran en el plan B o última opción.

Pese a todo lo que me propongo no siento que haya conseguido mi empeño. Consideran que por mi status no vengo a complacerme sino a complacer, a aliviarles su existencia. El “qué me trajiste” y el “qué me vas a dejar” son preguntas que oscilan como el péndulo de Poe. Que me empeñe en viajar en bus es un signo notorio de mi sentido del ahorro, no hay quien les haga cambiar de idea.

El tiempo que he vivido fuera del terruño, las leyes estatales y la propia gente me exigen cómo debo comportarme. (Existen modos y categorías para tratar a los cubanos residentes en el exterior pero este tema tiene mucha tela.)

Todo tiene precio y negociamos sin palabras. Ellos parecen listos pero ni el turista ni yo somos precisamente lo que ellos suponen. Nos reutilizamos. Comienzo a verlos como parte de mi consumo, mi entretenimiento. ¿Cuánto podría costar el chiste del recién aparecido? Es un tipo simpático que se ha arrimado y cuenta y cuenta anécdotas una tras otra y uno ríe y se divierte. Y no sólo es él, también se acerca el vendedor de chicharritas, el jinetero sabrosón, la jineterita que acaba de llegar de Placetas, un trío de cuerdas y por ahí pa’ llá, como en una pasarela, desfila ante mis ojos la fauna humana de la metrópoli. ¿Cuánto cuesta la animación de una noche, las bufonadas de un don nadie, el sexo caliente y desmedido de aquél? Te pago otra cerveza porque me gustó lo que acabas de decir. Quiero oír que soy guapo, que mi presencia te enamora perdidamente, que no ha habido ni habrá nadie antes ni después que yo. Complace mis oídos y dime lo que quiero que me digas, que me esperarás y sufrirás mi ausencia. Aquí tienes 15 CUC por tu amor convertible.


Las atenciones de mis amigos vampiros tienen un trasfondo. Me cuentan lo bien que la pasan, las parrandas y las fiestas que se montan. Les escucho hablar de comelatas y sexo duro con descomunales bellezas del patio. Consiguen abrir mi apetito, estimular mi libido. Pero no me presentan a nadie ni organizan una fiesta en mi nombre. ¿Para qué me cuentan todo eso? ¿Tiene algún sentido que oiga esas historias? ¿Cuál es la intención? Si quiero diversión, orgía o lo que sea, tendré que subvencionarlas con CUC e invitarlos para que pongan su alegría.

Me decepciono no por algo en particular sino por el conjunto de una Cuba deslucida. La amistad corrupta me da asco. Acomodo mis nostalgias (las que me quedan) en mi pequeño maletín porque la mochila... ¿a quién se la regalé? Comienzo a contar los días que faltan para regresar a Suecia. Es hora de reconstruir mi isla lejos de la isla. Las cosas no son en blanco y negro, aquí quedan mis padres, la gente que se puede salvar sin que le des un salve, los lugares que pienso y deberé habitar desde lejos. Como resultado de tantas islas contenidas me convierto en un aislado. No pertenezco a ningún lugar, no soy patriota ni apátrida, no canto himnos ni enarbolo consignas. Soy mi propia isla.


lunes, 12 de abril de 2010

Cuba, la obsesión. (Parte 2)

Si un mes es poco tiempo para compensar ausencias, en uno o varios post –aunque sea de manera compacta– no se puede resumir el tiempo. Imposible abarcar todo, dar cuenta de cada paso, visitas a familiares, entrega de encargos, encuentros con amigos (los que quedan), compromisos, llamadas telefónicas, sueños pendientes, saludos y abrazos, en fin, es un mes que no tiene parangón con la rutina sueca. Aún así con vivo optimismo rescato al individuo que era cuando viví en la isla, me adapto aunque a veces no lo consiga del todo. La vida es pero no como la pienso. Observo cómo se han transformado los niños en adultos y mimo a mis padres ya viejos. Por todo y por ellos estoy aquí.
Desando por el hogar, sus laberintos, reviso rincones y gavetas distantes a mi realidad. La casa vive fuera de mí. Me han prestado el cuarto que una vez me perteneció; no tengo donde colgar la ropa y apenas sitio para acomodar la maleta que utilizo como un escaparte portátil. Mi sobrina ha colmado el dormitorio de láminas, afiches y recortes de pensamientos, desideratas, dibujos, estampas, estrellitas iridiscentes, frases de amor, fotos de amig@s y cantantes de moda. Intento dormir y descubro una foto mía en el decorado. La pared se ha convertido en un “fotario” feliz. Gotea la llave del fregadero. Cuento una, dos, tres gotas. Escucho una conversación imprecisa desde un televisor lejano. La gota del fregadero. Cuatro, cinco, seis... Me duermo.
Vivo en una construcción de principios del siglo XX con pilastras, arcadas y arcos de medio punto, patio lateral, estancias contiguas. Mi dormitorio es equidistante a los extremos de la casa, es la zona de más trasiego entre la sala y la cocina. Mi hermana y su marido duermen en la barbacoa que han construido sobre el dormitorio de sus hijos. Tacones cercanos. Tic toc taconea mi hermana de la saleta a la cocina a las siete de la mañana. Toc tic taconea de la cocina a la saleta. Siete y diez de la mañana. Tac tic taconea mi hermana de la saleta al baño. Siete y cuarto de la mañana. Toc tic tac. Siete y veinte. Y se va.
Chirrrrrr... Mi sobrina abre el escaparate. A las ocho menos cuarto se le cae una botella plástica. A las siete y cincuenta deja pasar la luz para pintarse ante el espejo. El hombre que trae el pan golpea la puerta de entrada a las ocho en punto. El perro ladra frenético. El vecino enciende la radio para reguetonear. ¿Quieres café? Quiero dormirrrrrrrrrrrrr.
Me tocaron tres frente fríos, lluvia y días nublados. Vientos y oleajes, Coriza, falta de aire y catarro, pero no fue tiempo de guardar cama. El taxista con picardía me enseña cómo manipular la manigueta de la puerta del almendrón (el viejo auto americano) “Súbela y empújala”. Igualmente jacarandoso juega a ser el guía y muestra a los viajeros el imponente caserón del vedado cerca de la calle 23 “Esta era una de las casas de los antiguos ricos, de los poderosos; ahora es la casa del Partido Comunista, los que tienen el Poder”. En el asiento posterior se discute sobre religión y escucho una frase que puede ser célebre: “La Biblia es una fantasía escrita por científicos”. A propósito de un comentario de la cantante Delia Díaz de Villegas que presentó su último disco en el canal 41 de Miami, el taxista interviene “Miami es el cementerio de los artistas cubanos. Allí van a morir todos”. Yo cuento la anécdota de las jineteras que en el restaurante Siete Mares le explicaban a dos ebrios italianos por qué las universitarias cubanas putean. Tal vez pretendían, entre otras cosas, dejar claro que la prostitución en Cuba tiene niveles y marcas registradas. Los turistas no llegaron a comprender a las muchachas y pidieron otra ronda de cerveza. El taxista ríe y añade “Está claro, lo que los italianitos querían es que las putas cerraran el pico y abrieran las piernas”.
El acontecer político se comenta a media voz, pero se comenta. Veintiséis pacientes murieron de hipotermia en el hospital psiquiátrico de Mazorra durante el último frente frío y el disidente Orlando Zapata se dejó morir por hambre tras una huelga que duró más de ochenta días. La televisión, la radio y la prensa han justificado las noticias y todo el mundo parece conforme. Según los medios de información oficialistas Zapata hizo una huelga de hambre porque quería en su celda un televisor, una cocina, un teléfono y supongo que también un aire acondicionado (podrían haber añadido además que quería una odalisca que le bailara la danza del vientre). Las bajas temperaturas, los factores de riesgo propios de pacientes con enfermedades psiquiátricas, el deterioro biológico debido al envejecimiento y bla bla bla fueron las causas de las muertes de los pobres locos para luego añadir que los responsables de no haber tomado las medidas oportunas serían juzgados por tribunales competentes. Me entero por la tele que el ministro de la Aviación Civil ha sido sustituido del cargo y se me ocurre preguntar por qué. Fue sustituido y ya. A la semana oigo rumores en la calle que el ex-ministro tiene no sé cuántos millones de dólares en la cuenta de un banco en Suiza (¿o tal vez encontraron el dinero en la cisterna de su casa?). La prensa oficial parece que no se ha enterado de eso y se tapa los oídos ante el murmullo que crece sobre un General de División y también ministro que asesinó por celos a su esposa. Las bolas y los chismes ruedan por la ciudad como los taxis con sus pasajeros.
Me desentiendo de los asuntos políticos y curioseo en los restos de la Feria del Libro en el Pabellón Cuba: libros rusos en ruso y mucha literatura política. Lo más atractivo de mi visita al Pabellón fue la exposición fotográfica de Tina Modotti y encontrar la nueva edición del libro Moro, el Gran Aguafiestas (una biografía de Carlos Marx) de Paquita Armas al que le dedicaré un post.
A continuación consigno lo que captó el lente de mi cámara y lo que evoca mi memoria. En un próximo post expresaré mi sentir, por el momento muestro vivencias.

Encuentro con el Taller Literario de la Casa de Cultura de Arroyo Naranjo en el Tótem, Mantilla. A petición de mi amiga Lourdes leí un fragmento de mi novela más reciente e inédita.

Museo de Bellas Artes (arte universal) en el antiguo Centro Asturiano. Conozco las colecciones del conde Lagunillas –una de las más ricas y variadas del mundo que incluye arte oriental, egipcio, griego y romano–, pero no había tenido la oportunidad de pasear por el interior de un palacio tan fabuloso.
Cabaret Las Vegas. Hermosa tarde en la Peña de Olga Navarro en compañía de amigos, famosos y nuevos talentos.

Celina González, la voz del punto cubano.

Olga Navarro, la anfitriona.

Laritza Bacallao, la revelación, ¡Qué voz!

América, gracia y simpatía.

Encuentro con el escritor Yoss. Aquí me muestra Pluma de León, su reciente libro. Por estos días hará la presentación en España.

Concierto de Calle 13 en el Protestómetro de la Habana ante el edificio de la Oficina de Intereses de USA. No perdí esta oportunidad, me convertí en una cifra del casi medio millón de espectadores que no vieron nada y oyeron muy poco a cientos de metros del escenario, pero disfruté el momento, maleconeando, saludando e integrándome a la juventud habanera. Bebí ron y admiré a todos los que pasaron por mi lado. Ellos como “residentes” y yo como “visitante” coreamos el tema más popular de la banda: Vale todo.La nueva moda de los modernos es delinearse las cejas. Esta onda no ha llegado a Europa, ¿o sí?
En próximos post: Mi impresión de la clausura de la 9na Muestra de Nuevos Realizadores del ICAIC, Sábado de la Rumba con el Conjunto Folclórico Nacional, Reportaje fotográfico del Bosque de la Habana, Viaje a Cienfuegos, Mi primera Advertencia Policial y mucho más.

jueves, 8 de abril de 2010

Cuba, la obsesión. (Parte 1)

¡Ya llegaste! ¿Qué me trajiste?
Dos, tres meses antes comienzan las preocupaciones, controla si tienes el pasaporte actualizado, si renovaste la prórroga que se vence cada dos años; haz un seguimiento de agencias con pasajes electrónicos y ofertas económicas. Por vía Canadá hay un vuelo baratísimo. Tres escalas y dos noches en Vancouver. (Lo que me ahorro en pasaje me lo gasto en estancia y comidas.) Iberia cobra barato pero es más o menos lo mismo con una noche en Madrid. Ya he probado en viajes anteriores, la alternativa está bien para el turista pero yo soy cubano y lo que quiero es llegar pronto. Vía Ámsterdam, París... sí, esta última me conviene. Copenhague-Paris-Habana, 12 horas de vuelo y cuatro en Paris. Por precaución compro el billete antes de que suban el precio porque la temporada es alta. ¡Joder, ayer lo compré y hoy, hoy mismito le rebajaron 100 euros! ¡Los regalos! ¿Cuántos me faltan? Déjame mirar la lista... padres, hermanas, sobrinos, maridos de mis hermanas, hijos de mis sobrinos, un par de tías, primos, amigos, la vecina que me quiere tanto... Treinta y dos personas más los que vayan apareciendo para saludar... No estoy para eso, presentes generales para todo el mundo: calzoncillos, blúmers y cepillos de dientes más una bobería por aquí, otra por allá, quedo bien con... Yo quiero un mp3, y yo un celular... Ciento cincuenta euros a lo sumo. Y yo un aparato que me quite la grasa, y yo... Otros 50 euros. Me hace falta una cartera y... Acuérdate de la medicina que te pedí. Más la crema antiarrugas y los... 50 más... Ah, también necesito... 30 euros con los jeans (les llevo los míos). Tú crees que sea posible que me puedas traer una cadenita de oro para mí y otra para mi novio. Pero si yo no compro oro para mí. Bueno, un reloj entonces, que sea bonito. Además... ¡Yo lo que quiero es llegar!
¿Cómo hago para ajustarme al peso permitido? 23 kilogramos en la maleta de embarque y 10 en la de mano. Cada kilogramo de sobrepeso cuesta diez euros en el check in de Copenhague. En Cuba admiten 30 kg. exentos de pago aduanal más diez kilos de medicina. Cada kilogramo extra cuesta 10 CUC (peso convertible en dólar). La medicina la empaco en un bolso aparte pero dentro de la maleta de los 23 kilos que decidí que fuera un bolso plástico que no pesa cuando está vacío pero ahora que lo llené cómo me lo echo al hombro. Mejor paso todo para la maleta diseño italiano con rueditas, así viajo cómodo y regio. Pero la maleta... ella sola pesa 4 kilos. Hay un bolso de lona de 25 euros en el negocio de la esquina que también tiene ruedas y sólo pesa 3 kg. Paso todo de la maleta diseño italiano al bolso de lona con ruedas y de este al bolso plástico que no pesa nada cuando está vacío. Es difícil ponerme de acuerdo. Repito el ejercicio varias veces. Sudo a mares. La noche anterior al viaje me decido por el bolso de ruedas. El champú se queda. Y los jabones. Y mi toalla y estos zapatos también. Tengo muchas cosas para llevar, utensilios de cocina, ropa que ya no uso, pero en la aduana me cobran todos los kilos extras. Lo que más pesa lo echo en el equipaje de mano (en el aeropuerto de Copenhague no lo pesan). Es un bolso pequeño para no llamar la atención, pero compacto. Ahí van mi ropa en un nylon bien apretado (al cual le saqué el aire con la aspiradora) y las chancletas y los libros y los encargos y... cómo pesa. En los bolsillos del chaleco militar que me he puesto llevo la cámara digital, libros pequeños, chocolates, caramelos, gomas de mascar, las USB, un par de relojes, la funda de los espejuelos, pañuelos... El estuche con los 20 CD en el bolsillo lateral de los pantalones y los calzoncillos de regalos, y la billetera, y la bufanda que le prometí a un amigo junto con el gorro de invierno y la camiseta y el pulóver que me acabo de quitar y el... ¡Qué calor, mi madre, cuándo aterriza esto!Cuba, Cuba, Cuba, tierra firme al fin. Camina derechito y no mires pa’l lado. Debo tener pinta de sospechoso, esos tipos me observan como si tuvieran rayos X en la vista. Y ahora mándate la cola en el control de aduana. Como me dieron la última fila de asientos en el avión tengo a más de trescientos pasajeros delante. ¡A qué hora salgo de aquí! Los aduaneros no tienen apuro, realizan su trabajo concienzudamente. Relájate, piensa en algo agradable... Sí, cuándo saldré de aquí. Es mi turno. Muestro los pasaportes, el cubano y el sueco. Sonrío. También el formulario que atestigua mi entrada en la isla con la dirección donde voy a parar (para estar localizable). Quítese los espejuelos. Mire hacia la cámara. Ladee un poco la cara. ¿Así? Tiempo. Teclea no sé qué cosa en el ordenador. Me mira, vuelve a teclear. No dejo de sonreír. Todo en orden, pasa. Un grupo de turistas comienza a quitarse cosas de encima, ellos como yo tienen calor. Detección de armas, líquidos, objetos dudosos... A escanearlo todo una vez más. Quítate el chaleco, el cinto... Póntelos. Ahora... ¿pa’ dónde voy? Debo superar la barrera de control sanitario. Un chocolate para cada enfermera. Contentas. Dos esteras simultáneas expulsan los equipajes. Me desplazo impaciente de una estera a otra entre una multitud que también hace lo mismo, ¿por cuál vendrá mi maleta? ¡Esa es la mía! Bueno, se parece pero no. Aquella... tampoco. ¿Se habrá quedado en Paris? ¡Esa sí, esa sí! ¡Uf, qué alivio! Y ahora pa’ fuera, pa’ la calle. ¡Oiga, usted, pasaporte! ¿Otra vez? Sí, soy cubano. ¿Por eso tengo que pesar el equipaje? Ay ay ay, tú va a ver... ¿Estará buena la pesa? En Copenhague pesaba 22, 8 kilos. Yo sé que estoy en talla, traje lo que se me permite “ni má ni meno” el peso justo. ¿Algo que declarar? ¿Electrodomésticos, DVD, TV...? Nada. Medicinas sí, aquí, aquí en esta bolsa, y una botella de licor que compré taxfree en Paris y estos libros exentos de impuesto y chocolates... toma uno, te lo regalo. Aquí tiene el comprobante, entréguelo en la salida, su equipaje está libre de impuesto. Eso lo sabía desde que salí de Suecia, una semana entera estuve armando, desarmando y pesando la maleta.Afuera... la brisa... la vida... Cuba... ¡Mi hermano, mi hermanito, qué alegría verte! ¿Me trajiste lo que te pedí?

martes, 6 de abril de 2010

Cuba exigirá Póliza de Seguro con Cobertura de Gastos Médicos


El primero de mayo entra en vigor lo acordado por el Consejo de Ministros de Cuba el pasado 16 de febrero de exigir pólizas de seguro con cobertura de gastos médicos a todos los viajeros que ingresen en Cuba, tanto extranjeros como cubanos residentes en el exterior. La noticia fue publicada en la edición extraordinaria número 11 de la Gaceta Oficial de la República de Cuba y en la página web de la Embajada de Cuba en Suecia. Sólo serán excluidos el personal diplomático y los representantes de las organizaciones internacionales acreditadas en la isla.
Según la información recibida por la Embajada de Cuba en Suecia “La póliza debe ser adquirida en el punto de origen. Aquellos viajeros que excepcionalmente no porten el seguro en el momento del arribo, podrán adquirir una póliza con cobertura de seguro y asistencia suscrita por aseguradoras cubanas, en el propio aeropuerto, puerto o marina”.
La nota añade: “En el caso de los residentes en los Estados Unidos que viajen directamente a Cuba, estarán obligados a adquirir en origen la póliza con cobertura de las aseguradoras cubanas, que se comercializa a través de la red de agencias asociadas a la compañía Havanatur-Celimar, ante la imposibilidad que tienen las compañías aseguradoras norteamericanas de garantizar cobertura en el territorio nacional cubano”.
Información más detallada podrá encontrarla en
http://emba.cubaminrex.cu/Default.aspx?tabid=32024
Y en los sitios http://www.cubatravel.cu/ y http://www.asistur.cu/

lunes, 5 de abril de 2010

¿Por qué ganaron los Industriales?

Por José Antonio Michelena

Yenier Flores, el segundo bate de Villa Clara hizo swing, la bola siguió hacia la mascota de Frank Camilo y la tierra tembló en toda la Isla sobre las dos de la madrugada del jueves. Varios millones de personas saltaron de júbilo. Industriales ganó su duodécima corona en el béisbol cubano. ¿Pero, por qué tanto ruido por un juego de pelota?
Algo más de medio siglo antes, cuando Almendares, Habana, Cienfuegos y Marianao se enfrentaban en la liga de béisbol profesional, también un juego de pelota, decisivo de un campeonato, paralizó la Isla. Los alacranes azules del Almendares jugaron contra los leones rojos del Habana.
Alacranes y leones capitalizaban a los fanáticos de entonces. Aunque el Estadio del Cerro aún no podía albergar a 60 mil aficionados, la Isla apenas llegaba a los 7 millones de habitantes y la cifra de televisores era infinitamente menor, ya la pasión encendía rivalidades en colores: verde, del Cienfuegos; naranja, del Marianao; rojo, del Habana; azul, del Almendares.
Industriales, la selección capitalina surgida en 1962, estampó el azul en sus uniformes y arrastró la simpatía de legiones de almendaristas; cuando años más tarde sumó el ícono de los habanistas, el león, creó un estandarte muy poderoso. El conjunto celeste es Habana y Almendares al mismo tiempo, el yin y el yan.
Acaso nadie sabe quién decidió otorgar el azul a los Industriales y quién eligió después el león para completar su heráldica, pero sí está claro que el combinado celeste convoca grandes pasiones a favor y en contra. Ningún otro equipo suma tantos seguidores, pero tampoco lo hay con tal cantidad de opositores, detractores, adversarios.
En el enfrentamiento Industriales versus Villa Clara, el conjunto naranja contaba con la simpatía de todos los aficionados hostiles a la escuadra azul.
Un asunto a investigar en el campo de los estados emocionales de los atletas es por qué los peloteros de la capital se crecen en la post temporada, cómo ellos utilizan esa corriente de energía contraria y la convierten en energía a su favor, mientras sus opositores juegan por debajo de sus posibilidades.
El actual conjunto azul no llega al nivel de las versiones de 1986, 1992, o 2004, pero sus peloteros se sienten dentro de una leyenda. Detrás de ellos, impulsándolos, están Chávez, Trigoura, Hurtado, Street, Osorio, Marquetti, Urbano, Capiró, Tony, Puente, Changa, Arocha, El Duque, Javier, Kendry, Yaser, Medina, Scull, Germán, Padilla, Anglada, Vargas… Y esa tradición los eleva.
Entre la multitud que vitoreaba ayer a los peloteros de Industriales en el parque 13 de marzo había un jovencito con un “tatuaje” a bolígrafo en su rostro que decía: “Esto para El Duque”, debajo del número 26.
Pero, obviamente, la mística de Industriales va más allá del hálito de los grandes peloteros que por allí han pasado; sobrepasa la tradición de “jugar bien”; incluso la alta estima que proporciona haber triunfado tantas veces, ser un ganador, el mayor de los cuatro grandes. Es, quizás, la conjunción de todo eso. Y algo más recóndito que nos lleva de nuevo al Almendares.
Tony González y Germán Mesa me recordaban a Willy Miranda; Anglada, a Tony Taylor; Chávez y Marquetti, a Rocky Nelson; Changa, a Mike Cuéllar; Vargas a Miguelito de la Hoz; Javier, a Ángel Scull; ahora Malleta es de nuevo Rocky Nelson, y así sucesivamente, como en el poema de Wichy Nogueras, “Erternorretornógrafo”.
Todavía falta la sabiduría de un nuevo Ramón Carneado al timón de la nave azul, pero Germán más que mago fue adivino, en este juego final. ¿Quién podía pensar que un jovencito que tenía tantas bases por bolas como entradas lanzadas en la temporada regular iba a pitchear como lo hizo? ¿Hechizo, encantamiento? Aché, mucho Aché tiene Industriales. Si no, cómo ganar en Cuba 12 campeonatos.
¿Por qué tanto ruido por un juego de pelota? Ese tema sobrepasa una nota deportiva. Digamos solo que según cantemos “oye, te cogió el león”, o “ruge leona”, estamos representando un sentimiento, una pertenencia, una identidad. Pero todo es combustible para el fuego azul.

viernes, 2 de abril de 2010

Gazapo que merece historia

El que debe vivir fue la frase de Abel Santamaría que preservó la vida de Fidel Castro durante los preparativos y asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Las palabras fueron dichas en un contexto histórico definido. Si bien, tanto Abel como Fidel, planearon y organizaron la acción, era Fidel el líder en muchos aspectos. Los acontecimientos posteriores lo demostraron.

En estos días el canal Cubavisión de la televisión cubana muestra en su espacio "Tras la Huella" la serie El que debe vivir. Los episodios narran los diferentes atentados perpetrados durante décadas al Comandante de la Revolución Cubana. En un nuevo contexto, con los tiempos que corren y para que lo juzgue la historia, les presento un concienzudo gazapo.