martes, 24 de marzo de 2009

Lo perfecto



El ser perfecto es un hombre muy interesante. Todos le respetan porque tiene gran sabiduría. En cualquier sitio donde se encuentra la gente se toca con el codo y hace alguna referencia a su persona. Coinciden en que no tiene sombra que empañe su reputación: es un ejemplo para las buenas costumbres. El ser perfecto no ha cometido pecados y se sabe que es improbable que pueda cometerlos. Incapaz de dejarse arrastrar por los impulsos, la tentación o el vicio, no es libidinoso ni parrandero, no hace bromas y ríe poco; no le gustan las riñas ni las peleas de gallos; nunca ha tenido de qué avergonzarse ni nada que colabore con su vanidad. El ser perfecto –como le llaman– es prácticamente perfecto y por ello, muchos evitan su roce. Algunos para no manchar su castidad; otros, para no realzar sus propias máculas. De cualquier forma, el ser perfecto es un ser muy solitario.


(del libro Parábolas para una oreja sorda de M. Á. Fraga)

viernes, 20 de marzo de 2009

Con el un, dos, tres

video

Cuando me invitó a participar en un curso de salsa la miré con suspicacia. ¡Cómo un cubano va a recibir clases de salsa en Europa si yo vengo de la mata, donde la sal y la pimienta se almacenan en barriles! De eso nada, sabor y meneo me sobran. Pero nos falta técnica, mulatico, me dijo con una sonrisa dulce y pícara. Y para que bajara la guardia, añadió: Es que necesito un partner. Eso está mejor, pensé yo. Si es por acompañarte... no se ofende mi orgullo de bailador. Pero eso que el profesor sea un chileno... si todavía enseñara la cueca... Para no ser larga la introducción acepté o aceptamos. Después de discutirlo entre la pandilla reconocimos a nuestro pesar que, aún siendo cubanos acostumbrados a mover la cintura a ciento cincuenta revoluciones por segundo, el baile no es nuestra principal virtud. También superamos el prejuicio de que sea precisamente un americano del sur quien nos mostrara la salsa que se baila en Europa. Ah, bueno, si es la salsa de Europa, eso es almidón de otro talego. Así que como dijo Beatriz Valdez en La Bella del Alambra: Maestro, enséñeme la técnica que el resto lo pongo yo. Y sin más, nos enrolamos en un curso muy divertido con el un dos tres que se baila en cuatro tiempo o clave cubana pa pa pa - pa pa. Sencillísimo. Esto no tiene ninguna ciencia. No se disocien. Para aprender los pasos haremos una coreografía. Comenzamos con el paso de salsa, sigue con rumba, rumba con cruce, mambo, mambo con cruce, salsa otra vez, paséala, paséala y vacílala. Ay, me perdí. No tiene importancia, maestro, siga, esto es pan comido. Reiniciamos con salsa, desplazamiento hombre, desplazamiento mujer. ¡Qué! ¿Qué pasa ahora? Nada, nada. ¿Así? Presten atención, cubanitos. Salsa, desplazamiento hombre, mambo con cruce, cruce, cruce moderno... Me perdí otra vez. (Suspiro del maestro.) Desde arriba sin música. Salsa, salsa hacia atrás, salsa, mambo, rumba, cruce moderno, salsa, desplazamiento hombre, paséala, paséala y vacílala. ¡Paséala! Estoy mareado, como si me hubiera fumado un pito. Este tipo va a acabar conmigo. ¿Alguien dijo algo? Que todo está clarísimo, maestro, clarísimo. Pues yo lo veo más turbio que una limonada removida con azúcar prieta. Concéntrense y recuerden: paséala son cuatro pasos y vacílala son cinco. Este se piensa que yo no lo sé. Yo voy a contar a mi manera: tres por cuatro hacen ocho tiempos igual a la raíz cuadrada de cinco elevado a la segunda potencia, el cuadrado de cinco por 3,14. Ya ‘tá. Ay, disculpa, te pisé sin querer. No se entretengan. Paséala y vacílala. Chico, y para que sea más sencillo no puede uno vacilarla y que la pasee otro. Nada de bromas. Otra vez, desde arriba. ¿Y la pausa? ¿El cigarrito? Ok, dos minutos. Tremenda paciencia tiene el profe, con alumnos como nosotros... Debo reconocer que yo pensaba que sabía cuando de saber sé que no sé lo que había pensado que sabía. Comenzamos. Pero si apenas he encendido el cigarrillo. Viene desde arriba, ahora con música. Apaga eso y entra. ¡Salsa con reglamento militar! Caballeros, me están llenando la casa de humo. La próxima vez a fumar a la calle. Voy a encender incienso, hay un olorcito a queso... Posición inicial, en parejas. Salsa, desplazamiento, dile que no, paséala, desplazamiento... ¿Qué haces, hombre? El giro es para el otro lado, mírame a mí. ¿Te fijaste? Repítelo ahora, no te adelantes, coge el ritmo. Esto no es un vals, más rápido. ¿Pero cuál es tu alboroto? Me duele el pie, yo creo que tengo un esguince. Desplazamiento hombre-mujer, dile que no, desplazamiento, paséala... ¿Profesor o torturador? Fin, se acabó la clase por hoy. ¡Menos mal! ¿Tan pronto, profe? Las clases terminan a las ocho de la noche y empiezan a la hora que ustedes lleguen. Aprendan a ser puntuales que ustedes son los interesados. Y tú... ¿Es conmigo? Repasa los pasos en la casa, así como vas te agarra la navidad. ¿Qué hicieron de comer? ¡Lasaña! ¿Y qué más? La clase es muy entretenida, pero la comida está mejor. A mí el baile me deja con un apetito... ¿Qué van a cocinar la semana que viene? No preguntes tanto y ponte a fregar, tú fuiste el último que llegó. ¡Si lo digo yo! Cuando se reúnen más de cinco cubanos aunque sea para bailar salsa, no faltan los arreglos y las distribuciones. ¿Querrán con eso prevenir el caos?

El perrito baila también
Ay, me perdí otra vez
Coge el trillo, venado Que paso ma' chévere
Estoy apretando Sin vacunar y con el pelo suelto
El perrito salsero
Qué bolá con la jama El profesor, cansado, enojado o hambriento
Lasaña!!! Lo mejor. A comer!

jueves, 19 de marzo de 2009

Los grandes jefes


Tan complicado llegó a ser el mundo que se convirtió en un gran hormiguero. Los grandes jefes ante el peligro de un estallido social que hiciera hervir al orbe, se reunieron en asamblea sumaria para impedir, en lo posible, el avance del caos. De todas partes del globo terráqueo llegaron los grandes jefes en representación de sus gobiernos. A puertas cerradas, con exclusión de periodistas y reporteros, discutieron los problemas y conflictos a solucionar y la debida justicia que se administraría en lo adelante. Los grandes jefes, individuos muy justos, trataron de actuar con entera prolijidad sopesando los pro y los contra que afectarían sus condominios. Cuarenta días con cuarenta noches duró aquel encuentro en el que les fue difícil aprobar la nueva y única legislación mundial a la cual quedarían sujetas todas las hormigas. Como prueba de magnanimidad, estos grandes jefes guardaron su Constitución en un enorme castillo de azúcar construido para estos fines. El mismo sería inexpugnable y preservaría eternamente el nuevo orden social, así creyeron.

Pero los jefes no llegaron a salvar los documentos que durante cuarenta días con cuarenta noches habían concebido con suficiente gasto de energías. Las hormigas, las curiosas hormigas, convencidas de la indulgencia de sus grandes jefes, en menos de un par de horas, con un ataque espontáneo y febril, consumieron a su placer aquél gigantesco terrón azucarado.


(del libro Parábolas para una oreja sorda de M. Á. Fraga)

viernes, 13 de marzo de 2009

Las eras de René Vázquez Díaz

René Vázquez Díaz
Desde sus inicios como escritor René Vázquez Díaz ha transitado por arenas movedizas. Sin pertenecer al grupo de los “escritores malditos” censurados en Cuba durante y después del quinquenio gris, René ha recibido de alguna u otra forma el rechazo de posiciones políticas encontradas. Muchas cosas quedan en entredicho y tal parece que el escritor avanza por una cuerda que se tensa por la crítica de los que le exigen que se ate de una vez al pilar de la derecha o al pilar de la izquierda. En mi opinión, es esto lo que incomoda. La indefinición no es permitida si se pretende acreditar o desnudar un imperio. Sin embargo, por fuerza u honestidad nadie queda indiferente y, como a un animal peligroso, le siguen los pasos. El giro que ha tomado su narrativa y el compromiso social que asume lo convierte en un escritor polémico. Aún así su obra trasciende los panfletos y los estereotipos literarios. El premio Juan Rulfo que recibió en 2008 lo confirma.
Cuestionable o no, en su obra no hay suturas. Para demostrarlo tomemos su trilogía de la Cuba Profunda La era imaginaria (Montesinos, 1986), La isla del cundeamor (Alfaguara, 1995) y Un amor que se nos va (Montesinos, 2006), la historia de una generación que pudiera ser la novela de su vida. No me refiero a que sean novelas autobiográficas sino frutos de etapas de la vida del escritor.
Las trilogías se pueden simplificar como novelas en tres partes, en series o versiones de una novela anterior. En La era... La isla... y Un amor... encontramos en paralelo la evolución de los personajes y la madurez creciente del novelista. Pirandello en su pieza de teatro repudió a sus seis personajes en busca de autor; en cambio, Vázquez Díaz va a por ellos. Con pericia y constancia el escritor siguió con celo el progreso de los personajes. Cada novela de la tríada fue publicada en el intervalo aproximado de una década y en cada una utilizó un discurso diferente como tribuna para sus argumentos. No es mi intención realizar un análisis literario de las obras sino confrontar a través de ellas el desarrollo intelectual del autor. Con el ojo de un águila pudiera resumir que la trilogía, al filo de la Revolución cubana, surge en la era imaginaria donde se definen las aspiraciones de los protagonistas para dar un salto a la isla del Cundeamor o sueño americano y terminar luego en la locura y como escenario, la patria.
La era imaginariaPero no es todo tan sencillo como el águila puede verlo. No es cosa de atar cabos y empatar simbolismos. Había apuntado que su trilogía conforma tres etapas de la vida del escritor y las etapas o eras requieren tiempos para su consumación. Del joven estudiante de ingeniería naval que la Revolución había depositado su confianza con la esperanza de formar al “hombre nuevo”, René Vázquez Díaz se convirtió en el desertor, en uno más de la lista de los anónimos inconfesables. Aparece entonces, como respuesta, la nostalgia o la necesidad abierta de rescatar, desde la distancia, la presencia de la isla. A partir de este momento, el joven comienza la construcción de su propia ínsula. El lirismo social y filosófico de La era imaginaria se revela a través de la amistad de Repelo y Nicotiano, dos niños disfrazados de hombres, o viceversa, que construyen una pequeña nave con el propósito de evadirse a algún lugar. Mientras tanto, Yoya la miliciana, les espeta: “Ustedes son el futuro de la patria... el luminoso mañana de este proceso que es la culminación de ciento cincuenta años de lucha”. En esta novela el autor se nutre de la las novelas del boom y la cultura latinoamericana para dar a conocer sus inquietudes. Es la obra de un joven escritor que con vehemencia necesita poner el dedo en la yaga de verdades no absolutas. Y lo logra con éxito, sin dudas, pero habrá que esperar un poco más para que la tía Ulalume, en nombre de Nicotiano, lance de vuelta al mar la botella con la historia de La isla del Cundeamor.
Alegorías, presentimientos, evocaciones crean un archipiélago. La maldita circunstancia del agua por todas partes, parece repetir Virgilio Piñera, siempre presente con su poema La isla en peso. Y a esto es a lo que Vázquez Díaz no puede renunciar aunque intente en la isla de los cundeamores mostrar el otro lado del mundo, la Cuba desde afuera, aquella que se desangra por reproducir la isla que sólo se puede amar u odiar si se ha nacido en ella. Su segunda novela pudo haber surgido a partir del choque del autor con los cubanos del exilio de La Florida. Aquí aparecen otras verdades más allá de las quimeras y los ideales. El sueño norteamericano se desvanece.
Como la vida no está asegurada en ninguna parte, en consecuencia, René Vázquez Díaz cree que la única posibilidad de salir de su isla castrense es propiciar el acercamiento de los intelectuales cubanos que viven tanto dentro como fuera de la isla. El primer paso en este sentido tuvo lugar en el Encuentro de Estocolmo en 1994. Once escritores cubanos, entre ellos, Miguel Barnet, Senel Paz, Jesús Díaz, Heberto Padilla y René Vázquez Díaz, firmaron un documento que abogaba por la libertad de expresión y el cese del bloqueo económico a Cuba. Siguiendo esta hoja de ruta se desarrollaron similares encuentros en Francia y España.
Otra vez los años y la espera de una nueva era que emerge para atajar el “amor que se nos va”. El autor ha alcanzado la madurez y se ha mantenido firme en el empeño de agrupar a los cubanos de la diáspora que quieren acercarse a la isla, asume una posición militante bajo el criterio de que la cultura cubana es indivisible. En este marco político da a conocer la tercera entrega de la saga que, desde la verborrea de un orate como protagonista, es su novela más realista, rociada a su vez, de ingenioso humor criollo. Una nueva generación da continuidad a la anterior. Los niños imaginados se han convertido en hombres de carne hueso; han crecido y han encontrado sus propias verdades. A ellos ya no les hace falta evocar el pasado ni mirar angelotes con cornucopias. “El hombre nuevo” ha dado su fruto y es esto lo que brinda. Podrá hablarse de una generación perdida para aquellos que se cansaron primero, que en el diario esfuerzo por mantenerse erguidos acabaron desplomándose. Pirulí, el pintor, degeneró en un sui generis peluquero parlanchín de la peluquería El corte de los Milagros; su madre, Yoya la miliciana, en la senectud de sus días, se oculta para recuperar en la lectura el tiempo perdido; y Repelo, el personaje más capacitado y prominente, sin explicar por qué, termina sus días entre los escombros de la plataforma donde fraguó sus sueños.
Si decidiera concluir aquí mis disquisiciones la tesis de la trilogía resultaría patética, al menos frustrante. Pero en las últimas líneas de Un amor que se nos va se percibe un tono conciliador en las figuras de Mofeta y Oracio que responden al afán del humanista por adaptarse al presente. Nadie ha destruido la Revolución, sólo se transforma. Hay esperanzas para que las islas esparcidas por el mundo vuelvan a juntarse en una nueva era. Si todos los tiempos son de cambios, este no es el final pues la saga continúa.
De pronto el doctor LealY De pronto el Doctor Leal (Icaria, 2008) aparece en medio de una trama que crece de manera vertiginosa donde el autor abandona al personaje en la vorágine de los grupos políticos que lo han acorralado, lo que hace de la novela una parábola que muestra cómo el ser humano es manipulado por los bandos de centro, derecha, izquierda, norte y sur. La muerte simbólica del personaje lo libera para que sea él quien decida finalmente su propia suerte. Tanto el escritor Vázquez Díaz como el doctor Leal, con intención uno, sin proponérselo el otro, avanzan por una cuerda floja –soplados y mantenidos por los vientos del este y del oeste, las presiones de los astros y la fuerza de gravedad– cosa que les obliga a tomar partido, lo quieran o no. Y es en este momento que florece la cuarta etapa del escritor cuando con el respaldo de la Embajada Cubana en Suecia y de un grupo de cubanos residentes en ese país fundaron la asociación Cubanos por Cuba. En febrero de 2008 en la propia embajada se dio lectura del documento “Declaración de los cubanos en Suecia contra el bloqueo”.
En la obra de René Vázquez Díaz hay ruptura y continuidad; cada novela suya ha correspondido a un momento de su vida como hombre y como intelectual. La era imaginaria. Escenario, Cuba: la juventud siempre aparejada a la poética, los sueños, el deseo de saber qué hay más allá del océano. La tía Ulalume junto con Nicotiano abandonan la isla. Es una obra que justifica la disidencia del estudiante de ingeniería naval. La isla del cundeamor. Escenario, EEUU: el descubrimiento de la otra orilla y la evidencia de que esta parte del océano no era realmente lo que uno buscaba. La adaptación al medio; la isla vista desde afuera. Comienzo de la nostalgia. La botella es lanzada otra vez al mar. En la arena política el autor hace sus primeros intentos por acercarse a la isla a través de reunir a intelectuales cubanos que viven tanto dentro como fuera de Cuba. Un amor que se nos va. Escenario, Cuba: El reencuentro. La patria otra vez. La tía Ulalume regresa de visita a la isla. Se maneja la posibilidad de lograr un entendimiento pese a los diferentes niveles de pensamiento. Mofeta y Orapronobis intentan la reconciliación. ¿No es esta la reconciliación que anda buscando el intelectual? El autor ha tenido la posibilidad de regresar a su país. El aura de disidente se ha borrado. Y De pronto el doctor Leal, con escenario una vez más en EEUU, es obligado a tomar partido o a definirse. Aunque el autor pretende un final abierto su personaje está muy bien plantado desde el principio. La medicina del capitalismo norteamericano no le interesa, más bien le lacera por lo que postula la defensa de los valores y los derechos humanos. Este mismo sentimiento es el que mueve a René Vázquez Díaz a luchar en contra del bloqueo y a defender la posición de los cinco cubanos que cumplen prisión en EEUU, cosas que en la novela son notables. El doctor al disparar su pistola se libera de la presión de los bandos en pugna. Aunque el escritor renuncia a escribir el final de la historia se asegura que el doctor Leal lleve en su bolsillo el chicle para que, si se anima, pueda pegarlo en el ojo del león. El lector se encargará de completar el dibujo uniendo las líneas de puntos.
Considero que buena parte de la literatura cubana de las últimas dos décadas se ha caracterizado por el desahogo de los cubanos al mostrar el lado oscuro de la Revolución a modo de crítica social. Hastiados del realismo socialista impuesto, los novísimos escritores o los postmodernos comenzaron a escribir desde la marginalidad. Muchos escritores exiliados y autoexiliados continúan arremetiendo con sarcasmo a la administración de los Castros. René Vázquez Díaz, en cambio, sin dejar de pertenecer al grupo de autores que escriben fuera de Cuba, como escritor e intelectual pretende una reconciliación con el régimen lo que lo convierte en blanco de interpretaciones extremistas. Este añadido hace que su obra se lea de manera diferente y estremece, en este sentido, el panorama literario.

martes, 10 de marzo de 2009

Amiga Endocrina

Te escribo para contarte lo que pasó ayer en el barrio de la Tibia. Estaba yo, casualmente, paseando por la línea áspera cuando me tropiezo con el marido de Psoas, la que le puso a su hijo Iliapsoas para combinar el nombre de ella y del marido. Bueno, Ilíaco me saluda muy amable y se me ocurre comentarle que Ischia, su anterior mujer, se había metido en el Acetábulo. Para qué le dije. Allí mismo empezó a hablar pedis de Ischia, la pobre, que si se hace la infraspinata y la fibular cuando todo el mundo sabe que le cogieron el cullum en la cafetería por el tractus iliotibialis. Habló tanto que Condylus saltó a defenderla como un cuboideum. Tremendo articulatio. Ilíaco, que es trapezudo, no se aguantó y le pegó a Condylus un sesamoideo por la facies medialis que lo tiró para la fossa trochanterica y le partió el labium mediale. Pero ahí no paró la cosa. La membrana cruralis se siguió enredando cuando Femur, el del caput longus, se metió para defender a Condylus. Le supranó un soleo a Ilíaco por el margo lateralis que le desbarató la cresta ilíaca que se había hecho en el pelo. Por suerte, para bien de todos, llegaron los gemelli, Anconeus y Humerus y, entre vastus y obliquus, supinaron el maleolo y adductaron el problema. Yo, con mi cara palmar me fui despacito por el rectus abdominis con mi latissimus dorsi, pero qué iba a hacer. Yo no tengo la culpa de que se haya armado esa protuberantia por un processus spinosus, solo porque dije que Ischia se metió en el Acetábulo. Esto te lo tendo, pero mantenlo distal en la bursa porque no quiero que se vuelva un quadriceps y se arme de nuevo el patellae. Porque, niña, no desearía participar en el proceso estiloideo del radio.
Tu cigomático amigo,
Talus

martes, 3 de marzo de 2009

Tertuliando con la pandilla

Vanessa lee su obra
Hace un tiempo atrás Vanessa me confió sus manuscritos para que le diera mi opinión. Yo quedé fascinado con la lectura y a partir de ese momento me convertí en un fiel lector de su obra que disfruto a modo de capítulos por entrega. Hasta el momento le había dado mis criterios y algunas recomendaciones con ánimo de estimular su creación, pero una vez que el libro ganó en cuerpo le propuse realizar la lectura de una parte del mismo ante un público; así tendríamos un mejor estado de opinión. Con gusto aceptó. En principio pensé organizar la tertulia en el Café Banjo, un sitio acogedor y pequeño. Allí solían reunirse en las tardes chicos y chicas homo-bisexuales. Pero cuando Vanessa y yo acordamos visitar el lugar para presentar nuestro proyecto, Anders el de bigotes de felino, más actualizado que yo en temáticas de aperturas y cierres me preguntó: ¿Para dónde vas si Café Banjo cerró hace un mes? Y con ironía añadió: Es que no lees las noticias. Bueno, Vanessa, lo haremos en mi casa, le dije. Silvita había ofrecido con anterioridad la suya pues estaba enterada del asunto y hasta había leído fragmentos del libro de Vanessa, pero casa por casa, la mía quedaba más cerca de mi cama.
Me puse a pensar en quiénes serían los invitados a la lectura. No podían ser mucho pues mi apartamento es pequeño aunque de pie, derechitos uno al lado del otro caben cincuenta personas, pero hombre, en una tertulia... Miré los muebles y conté la capacidad de los asientos. Diez personas. Prioridad para la pandilla: Silvia, Helena, Cuqui, Víctor y un servidor. Vanessa, nuestra invitada de honor y los de ocasión que si bien fueron varios invitados, por una razón u otra sólo confirmaron su asistencia Kike y Anna. El vikingo bigote de gato, como trabaja en horario nocturno, llegó después y con hambre. Y con gran entusiasmo sintiéndose en casa se entregó con encono a la tarea de finalizar la tabla de quesos y frutas que había obsequiado a los tertulianos. Cuqui comenta la obra
La primera en llegar fue Vanessa quien me ayudó a preparar el salón(cito) y vestir la mesa. Como la cita era para las ocho de la noche, los latinos auténticos comenzaron a llegar a las ocho y cuarto. Una copa de vino de bienvenida, los habituales saludos y halagos qué ropa tan bonita, qué bonito tu pelo, cómo hueles qué rico, qué perfume es. El perfume de mi novio, respondió Silvita; como él no vino, traigo su olor conmigo. Conforme a lo planificado la lectura comenzó faltando un cuarto para las nueve. Todos fueron puntuales, hasta Cuqui que como hada espléndida y seductora llegó rayando las ocho y cuarenta y cinco. Aquí está tu copa de vino, cuelga el abrigo y para la sala que va empezar la actividad.
Como en toda presentación de libros que se respete se requiere de un profesor universitario, un intelectual de prestigio, un famoso que diga las palabras de apertura, yo, mecenas y anfitrión, no me hice rogar, y sin que nadie me lo pidiera hice de presentador y moderador. Leí la versión original del texto que precede a esta crónica para despertar el interés de los presentes y permití luego que se escuchara la voz de Vanessa.
La autora con gran tino hizo tres intervenciones. Los fragmentos escogidos fueron muy acertados pues abordaron los momentos claves de su historia: infancia –cuando toma conciencia de lo que quiere ser realmente–, el momento postoperatorio y la primera relación a la quien le cuenta su estado de chica transexual. Tras cada lectura las opiniones surgieron como los borbotones de un yacuzzi. Preguntas, cuestionamientos, reflexiones, análisis y todo lo que conlleva a la polémica. No faltó el que hiciera hasta alguna anécdota personal aunque no viniera a cuento. Vanessa escuchó con atención y fue amable con sus respuestas. Todos coincidimos en que es una muchacha encantadora.
Aunque la tertulia no era un debate sobre la transexualidad sino la presentación de una obra literaria de carácter testimonial, fue una oportunidad magnífica para esclarecer algunas dudas sobre este fenómeno, entenderlo y desmitificarlo, cosa que coadyuvó a despojarnos de juicios preconcebidos. Una experiencia para no olvidar. Muchas cosas faltaron por revelarse pero no todo se puede contar en una presentación. El objetivo principal se había cumplido, despertar el interés por la lectura e invitarlos a visitar el jardín de las mariposas donde se asiste paso a paso a la metamorfosis que anuncia la primavera. Y para esto hay que conocer a Vanessa o leer su historia.

Cuqui y VictorAnna escucha con interés













Los tertulianosHelena, la fotógrafa de la noche.Anders y Kike
Silvita

lunes, 2 de marzo de 2009

Vanessa en la tertulia

Vanessa López “Cuando yo tenía diez años vi un documental sobre una chica en Estocolmo que quería cambiarse el sexo”. Así comienza la historia de Vanessa.
Homosexualidad, bisexualidad, travestismo, transexualidad, son palabras o términos que escuchamos a menudo. Todos tienen una raíz común, la sexualidad humana; pero no deben confundirse. Cada uno alberga su propia definición y por ende su propio sino, o su drama, o su tragedia. En nuestra tertulia del viernes 27 de febrero nos concentramos específicamente en la transexualidad. ¿Cuántos no han cotilleado al saber que alguien es transexual? Asombro, duda, curiosidad, morbo, ira, burla, son reacciones espontáneas que aparecen de inmediato en una conversación de este tipo. Prejuicios, discriminación, tolerancia, aceptación.
Vanesa López ha decidido escribir sobre su vida y con mucho valor leyó fragmentos del libro que está escribiendo como un testimonio ficcional. También podría leerse como una novela donde aflora el mundo interior de la persona que ha buscado siempre la aceptación social como derecho inherente a la vida. Después de mucho batallar para librarse de la cápsula donde yacía encerrada como gusanillo, Vanessa se ha transformado en mariposa. Finalmente ha conseguido su objetivo pero no se detiene, con este libro Vanessa vuela más alto. Ella puede porque no tiene miedo a la altura.
Cualquiera en su lug
Vanessa Lópezar desearía romper con su pasado, pero ella es la misma persona, o la continuidad de aquella que era antes de su transformación. El cambio es sólo físico con la madurez que su experiencia le permite. Por eso habló sobre sí sin miedo, hasta con desenfado.
Todos creíamos conocer de qué iba el tema, pero al escuchar a Vanessa nos adentramos en un mundo realmente desconocido. Yo he tenido el privilegio de leer sus manuscritos y confieso que en la medida que me sumía en la lectura me descubría cada vez más ignorante; qué poco sabía de tales sentimientos y pasiones. En el seno de una familia de emigrantes establecidos en Sucia construyó su infancia lo que la llevó a recibir una formación bicultural a la que sumó la inconformidad con su cuerpo de varón. Tabúes preestablecidos, incomprensión familiar y social. Luchar contra estas murallas desde una edad tan temprana es de por sí traumático. En su libro Vanessa cuenta su adolescencia y su empeño por alcanzar el objetivo final: convertirse en la mariposa que ha soñado ser. Y lo logra no sin esfuerzo. Aunque a simple vista parezca que un cambio de nombre, identidad, algunas cirugías y reconstrucciones, parezca cosa fácil, –el éxito de la ciencia moderna– nadie sospecha la carga terrible que Vanessa ha llevado durante años derramando a su paso sonrisas y lágrimas. Traumas síquicos, conflictos morales y existenciales redundan en limitaciones y auto-limitaciones, temores y neurosis.
Pero este libro no es un melodrama. Hay momentos en que me he reído con ganas porque Vanessa habla de la vida o la suma de todas las cosas. La autora no ha inventado un personaje, ni quiere convencer a nadie de su bondad y candidez. Ella es como es y con picaresca narra sus aventuras en un mundo real donde casi todo es permitido con tal de sobrevivir. Admiro su sinceridad cuando cuenta aquellas anécdotas en la que no esconde sus debilidades, ni sus odios ni sus revanchas. También la relación con la madre, baluarte imprescindible y, en paralelo, la desconcordancia con un her
Miguel Ángel Fragamano que aunque es homosexual no llega a comprenderla, las travesuras de adolescente, los amores posibles e imposibles. Algo más que llama mi atención es la perspectiva feminista que adopta la segunda parte del libro. La vida no llega a ser color de rosa sólo porque la mariposa ha abierto sus alas. Vanessa al convertirse en mujer tiene un nuevo reto, desempeñarse como tal y sufrir el machismo y la desigualdad de los géneros.
Nacido varón, familia monoparental, emigrante, incomprendido, transexual. Demasiados adjetivos convierten a este libro en algo muy especial. Vanessa no oculta quien fue, como mariposa no renuncia a su pasado, por el contrario lo revela. Sin temor al escarnio se ha planteado con su obra una nueva meta, persuadir, concienciar y lograr que la aceptemos de la misma manera que ella nos acepta a nosotros.