lunes, 29 de agosto de 2011

Un Paseo por Gotland


Situada en el mar Báltico, es sin duda la isla más atractiva de Escandinavia. Aunque muchos se inquieten y piensen: “¡Uf, qué frío debe haber allí!”, Gotland –por su belleza natural– es un destino turístico que vale la pena disfrutar. Sus veranos son placenteros con una temperatura entre 20 y 25 grados, la ideal que pensamos pudo existir en el desaparecido jardín de Edén.
La isla, con 57 269 habitantes, pertenece al reino de Suecia y su capital, Visby -auténtica ciudad medieval- fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995.
A 90 kilómetros del continente, se yergue Gotland sobre una meseta de piedra caliza abundante en fósiles y con el suelo más fértil de toda Suecia.
Con relación a la fauna y a la flora se destacan una gran variedad de aves, insectos y un tipo especial de oveja robusta de color pardo y negro autóctona de la isla. La singularidad de las orquídeas que aquí crecen es otra de las atracciones.

Puerta del Este que da acceso a Visby

Casa típica de la ciudad
La gran Plaza

Paseo marítimo

Playa de Visby

Cabañas del campismo Strandby, a 5 kilómetros de Visby.

El agua de las duchas cuesta 5 coronas por 4 minutos. La moneda hay depositarla en su correspondiente ranura.

Iglesia gótica de Dalhem, restaurada en 1900.

Villa Villekulla, la casita de Pipa Mediaslargas. En el año 1969 se rodó en esta casa la serie sueca Pippi Långstrump. En este lugar se encuentra hoy un parque de diversiones para niños.

Los impresionantes acantilados de Högklint, a más de 40 metros sobre el nivel del mar, ofrecen una estupenda panorámica de la isla.



Los llamados Raukar, impresionantes pilares de piedra caliza, fueron tallados por el mar a través de los siglos. Algunos alcanzan los diez metros de altura y, como vigías, custodian las costas del norte y sur de la isla.

Cuevas de Lummelunda. Su descubrimiento en 1948, fue debido a la curiosidad y la aventura de tres muchachos que se adentraron en la gruta a través del riachuelo que surgía de ella.


Kruskryddgården o jardín de las especias.

Ovejas de Gotland

Caballos de Gotland

martes, 23 de agosto de 2011

Malmö Festival 2011


Cada año, al finalizar el verano, los habitantes de Malmö expresan y comparten sus nuevas ideas e himnos en un festival que los agrupa y distingue. El evento dura una semana y en él están representados todos los estratos sociales y culturales. Actividades hay para niños, jóvenes, adultos y ancianos, todas gratuitas. Los artistas, los grupos de trabajo de los municipios, las asociaciones y entidades culturales ofrecen de sí lo mejor como prueba de la labor realizada durante el año. Arte, música, teatro, cine, literatura, danza y también olores y sabores de las diferentes comidas convergen en una fiesta multicultural. Esta es la oportunidad de conocer los talentos que surgen y ver en vivo artistas de prestigio internacional.
En Malmö Festival los amigos se citan, los conocidos se reencuentran y los enemigos hacen las paces. Por eso yo no me lo pierdo. Si alguien pregunta dónde encontrarme, pues ya tiene la respuesta: En Malmö Festival.






lunes, 22 de agosto de 2011

Copenhaguen Gay Pride



La tierra es el Paraíso donde hombres y mujeres con independencia de sexo, razas, culturas y religiones, hemos nacido, sufrido y amado; aquí adquirimos conocimiento, crecemos y trabajamos para satisfacer necesidades y sueños; también nos enfrascamos en el cumplimiento de metas que servirán de provecho para las nuevas generaciones. La tierra nos pertenece por igual; en ella podemos vivir en coexistencia pacífica porque hay lugar para todos.
Una manera de demostrar tal razonamiento fue la jornada del Gay Pride 2011 que transformó nuevamente el centro histórico de Copenhague en una eclosión de música, alegría y color. El sol, pocas veces visto en este verano, brilló con esplendor el sábado 20 de agosto para la clausura del evento. Los barrios vecinos se llenaron de curiosos y activistas, gente de todas partes llegaron para disfrutar de las fiestas. Algunas calles se cerraron para el tráfico y allí los disc-jockeys hicieron sonar sus equipos. La música retumbó en las fachadas de los edificios y las calles se convirtieron en discotecas al aire libre. Un gran desfile multicolor y un magnífico espectáculo de varias horas de duración en la Rådhusplatsen (Plaza del Ayuntamiento) dieron culminación a una semana de actividades culturales, sociales y políticas. El Pride de Copenhague es sin dudas el acontecimiento más esperado del año para todos aquellos que abogan por el respeto a la diversidad y la libertad de género.


jueves, 18 de agosto de 2011

Visby

Llamada también la ciudad de las rosas y las ruinas, se alza majestuosa frente al mar. Ni el tiempo ni los imperios la han destruido. Visby -situada en Gotland, la mayor isla sueca del mar Báltico- es una ciudad que no se rinde ante los avatares de los siglos y las guerras. Sus muros de piedra la protegen y la conservan como una reliquia viviente. Recorrer las plazas, visitar los mercados, transitar por calles angostas, maravillarse con las casas de techos bajos y flores que crecen al pie de las ventanas siempre abiertas para que el curioso otee dentro, es como regresar a una época de hidalgos y escuderos. De tanto andar de aquí para allá, descubriendo ruinas de iglesias góticas, pasos de muralla, bodegones y mercancías de un tiempo otro lejos en la distancia, surge de repente la duda si estoy realmente en Suecia o en la imponente ciudad mercantil del Medioevo, aquella que el rey danés Valdemar Atterdag, por codicia, invadió para robar sus riquezas.

1361 fue un año fatal para Visby. Vis significa lugar de sacrificio y By, pueblo. Desde entonces se le conoce como “la ciudad sacrificada”. En su afán por protegerla del asalto mercenario murieron entre aldeanos, gente de la clase baja y pueblo en general, más de mil ochocientas personas a merced de espadas, hachas, mazas, cadenas, látigos, garrotes y lanzas. Al conocer el suceso un temblor me sacudió y no pude menos que mostrar admiración y respeto ante la ciudad de los héroes y los mártires.
Pero el pueblo no guarda luto por eso. Al recordar su tragedia, la dignifica y reconstruye su historia escenificando cada año la sangrienta batalla. En el mes de agosto, Visby se llena de expertos y visitantes. Durante una semana sus habitantes -también los turistas- se visten con atributos medievales. Allá veo a dos hombres regateando precios sin ponerse de acuerdo sobre el valor de sus mercaderías; escucho un pregón que promete un suculento asado de carne de cerdo salvaje y diviso, bordeando las ruinas de la iglesia de Santa Catarina, a una dama de alcurnia seguida por su séquito. Un caballero de la orden del Temple le cede el paso para mirar a hurtadillas los pechos que desbordan el escote de la dama, pero lo distrae la algazara de chiquillos que, despeinados y descalzos, corren hacia la plaza para asistir a la función de bardos y juglares que acaba de comenzar.
Sentado a la sombra de un árbol, un trovador entona con melancolía una canción de amor en tanto que un paje, quebradizo y tierno, lo escucha al tiempo que solloza sus cuitas. Dispuesta se apresura la celestina. Ella le asegura que calmará su congoja arreglando una cita con la dama de alcurnia que, sin advertir al mancebo, se aleja en dirección a la puerta del Este.
En la tarde tendrá lugar el esperado torneo de caballeros con armaduras, escudos y lanzas. Vistosos corceles son engalanados por los palafreneros. Siguiendo la tradición que dejó el rey Magnus de Suecia, hoy declararán vencedor al que consiga superar todas las pruebas del certamen. El victorioso caballero obtendrá como trofeo el amor de su prometida y el más espectacular aplauso del público.
Me adentro en un campamento medieval con tiendas de lona resistente al agua y al viento. La vida aquí transcurre en una edad incierta. Sigo sin estar seguro en cuál tiempo me encuentro. Soldados con yelmos y ballestas hacen la ronda; los arqueros tensan sus arcos para lanzar flechas en dirección a la diana; dos caballeros, antes del combate, entrenan haciendo sonar el acero de sus espadas; las mujeres, algunas preparan comidas y otras zurcen los paños estropeados. Los niños, como si jugaran, aprenden a encender el fuego y a montar sobre las bestias.
No me alcanzan los ojos para disfrutar de todo lo que quisiera: el paseo en Koggen, la embarcación con mástil y velas, las actuaciones de los acróbatas, los malabaristas, cómicos y rapsodas; las conferencias sobre historia, religión, la vida y los sucesos; los cursos de artesanías, las exposiciones de arte, las visitas guiadas por la ciudad, los conciertos de música coral, las comidas de los establecimientos, el olor de las tabernas…
Feliz y cansado me alejo de Visby con mi zurrón en la espalda, conmovido y convencido de no olvidar jamás semejante experiencia. Voy con miedo al rencuentro de la rutina y del presente; sí, con miedo a despertar y creer que todo ha sido un sueño.