martes, 12 de mayo de 2009

René Vázquez Díaz en la Tertulia

René en el vórtice de su literatura
Leer la obra de un escritor nos permite conocer sus ideas, adentrarnos en su universo literario, compartir o disentir su perspectiva del mundo y a su vez, entrar en disquisiciones y exégesis de cualquier género. Pero tratarlo de cerca, escucharlo y ser parte de la polifonía de voces que caracterizan una tertulia, da la posibilidad de conocer realmente, no al escritor sino a la persona que escribe.
Hace poco tiempo le dediqué a René Vázquez Díaz una entrada en este blog donde a vuelo de... digamos de gavilán, para no entrar en pajarerías, hice una comparación entre su vida y su obra, intitulada Las eras de René. Por eso no pienso referirme a su obra en esta ocasión sino hablar sencillamente de René, el invitado de honor en la Tertulia en Casa del pasado jueves siete de mayo. Como todo profesional que se respete debe ser puntual, René rompió el récord de puntualidad presentándose in situ veinticuatro horas antes, sofocado temiendo por la tardanza, con abultados maletines repletos de libros, documentos, papeles y sabrá dios que otras cosas. Ante el azoro de René por mi cara de asombro, sólo me atreví a decir, René, la tertulia es mañana pero... ¿quieres café?
Siempre es mejor llegar antes que después, qué habrían pensado los tertulianos si René hubiera llegado el viernes. Gracias a la fortuna de la distracción, René, como el cartero de James M. Caín, llamó dos veces con buena cara, saludando a lo cubano como uno más, haciendo chistes, conversando ricamente lo mismo con la chilena que con la finlandesa, con la danesa que con la peruana, la sueca, la uruguaya y las cubanas; tan aplatanado se encontraba que alguien preguntó, bueno, ¿dónde está el escritor? Para abrir el apetito literario
La tertulia comenzó de manera informal, en la cocina donde hacíamos el mingel característico sueco que en verdad, es una versión del mingle inglés, que en español es una suerte de cóctel de introducción o bienvenida con tapas y en cubano no es otra cosa que “comamos primero y tertuliamos después que con la barriga llena se piensa mejor”. Albóndigas, salames, alitas de pollo a la miel, quesos, aceitunas y otras atracciones acompañadas de varias copitas de vino tinto predispone, despierta y anima a cualquiera. Este medio aprovechó René para leer de manera espontánea un cuento de humor muy simpático que había recibido por correo electrónico y que no cuento aquí porque no viene a tertulia.
Cosmopolita la audiencia, ya me he referido a las nacionalidades presentes, cuando di el aviso de que comenzaba el tertulión, corrimos a la sala, no para llegar primero sino para agarrar los asientos más cómodos pues es sabido que el espacio es bastante reducido. Nos sentamos como párvulos que esperan que pase la bandeja con caramelos y en lo que esperábamos por nuestro invitado, presenté pomposamente al caramelo. Al otorgarle la palabra me di cuenta que era el único que no había agarrado asiento pues el que le estaba reservado, en un acto de caballerosidad, se lo había cedido a la finlandesa.
Los tertulianos. ¿Quién es la finlandesa? Esta vez me tocó a mí correr a la cocina y traer otra silla, volví a ofrecerle la palabra y él, con aplomo, bajo la expectación de los presentes comenzó a sacar libros de sus maletines y a regarlos sobre la alfombra. René no escatima en lenguaje escrito ni oral pero me había dicho por lo bajo que media hora era suficiente para su intervención, no quería agobiar al auditorio, así que haciendo uso de su “media hora” sintetizó la oratoria a una hora quince minutos según el reloj del comedor. Y dicho así parecen muchos minutos pero el tiempo, como el gavilán, pasó volando. La alfombra literaria
René tiene carisma, sus discursos despiertan interés igual que el actor cuando consigue atrapar a su público. Según hablaba de sus libros, utilizaba los pies como punteros para señalar este o aquél. Desenfado, sin prosopopeyas ni retórica, apoyándose en técnicas teatrales que propician una atmósfera sugestiva, con gestos corporales y faciales a discreción, inflexiones de la voz para acentuar frases o palabras, la “media hora” del escritor fue una gozada. Reciente título de René Vázquez Díaz
La idea principal era que René nos presentara en exclusiva su más reciente título El pez sabe que la lombriz oculta un anzuelo, frase que honra al poeta sueco Gunnar Ekelöf (Fisken vet att masken döljer en krok men hugger ändå.) Yo quería en principio que la tertulia se centrara en esta obra, pero por llevarme la contraria, René, en “su media hora” de lo que menos habló fue del libro, en cambio, nos invitó a que lo leyéramos. Pero un público puede más que cualquier hombre terco y al final, ya al final, cedió su vanidad. Nos sorprendió con la lectura de un fragmento tragicómico que equipara el sentimiento de dolor y pérdida de la mujer amada del protagonista a una patada en la boca que te causa la caída de todos los dientes.
René Vázquez DíazRené por momentos es incisivo y le encanta cuestionar verdades no absolutas, sobretodo en la arena política, hecho que lo ha convertido en escritor polémico. Invita a la reflexión y lo hace con brío. Al referirse a su creación literaria, afirmó haber leído una vasta literatura sobre el fenómeno de la cubanidad en Miami: Miami está en la Florida, La Florida es una península y la península no es isla ni continente; al reinventar la isla en la península los miamenses no viven ni en USA ni en Cuba, por ende, extrapolados y reinventados no son estadounidenses y han dejado de ser cubanos; algo bueno tienen, sí, conservan con celo la auténtica y tradicional comida criolla. Y para rematar, según René, el socialismo en Cuba, digan lo que digan, ha ayudado a los cubanos de Miami a obtener el status que tienen. Si antes de los años sesenta les era difícil adquirir la ciudadanía norteamericana, en los tiempos que corren, todo cubano que ingresa en Estados Unidos, de la forma que sea, la recibe casi automáticamente. Y por qué, pues gracias a la Revolución.

Cecilia, Miguel, René y Vanessa