jueves, 18 de febrero de 2010

Los pasajes se distorsionan

Entrada de Villa Los Cocos, Sanatorio de Santiago de las Vegas.
No puedo precisar el orden de los acontecimientos; como una nube me disperso, sólo consigo flashes de reminiscencias. Evocar el pasado es difícil, en primer lugar porque son cosas que quisiera olvidar aunque no consigo. Todavía no tenía pensado escribir sobre el acontecer de la vida sanatorial; no era mi propósito. Tomaba apuntes de sucesos que llamaban mi atención, sólo eso. No había concienciado la idea de que en esa sala de espera había mucho material para narrar. Seguía, como un poseso, obsesionado con mi muerte, con el estropicio de mi vida, con el final. Sin comprender, sobrevivía; me dejaba llevar por esa marea de lo imprevisible donde no estaba seguro de nada. Respirar era el único consuelo que me confirmaba que estaba vivo.
Los fantasmas me acompañan siempre. A veces se debilitan, a veces cobran fuerza. Llego a la conclusión de que la única forma de librarme de ellos es seguir la recomendación que me dio Lourdes Zayón: expulsa tus demonios. Al convertirlos en personajes de ficción se vuelven independientes, cobran vida por sí mismos y yo, como un amanuense, escribo sin voluntad sus historias. Y la mía.
Era una romántica idea dejar las notas de mi diario para que alguien las publicara póstumamente. Quizá porque me avergonzaba de ellas, porque era demasiado fuerte desnudarme ante el mundo, el miedo que durante años me ha acompañado no es más que una confirmación de cobardía. Otra cosa hubiera sido si Reinaldo Arenas hubiera vivido mi experiencia. Estas notas han sido el tesoro mejor guardado durante diecisiete años. ¿Qué hago con ellas? ¿Sirven de algo haberlas escrito? ¿Qué pueden aportar de interés a los lectores? ¿Cuál es su mérito? Pepe Fajardo fue el primero quien leyó el manuscrito íntegro durante una visita que hice a La Habana en 2008. A pesar de que Pepe ha mantenido contacto cercano con el mundo del SIDA por su trabajo como asesor literario en el taller La Montaña Mágica, no dudó en reconocer que el texto le había impactado, tanto así que me recomendó su publicación inmediata. Despertaba en él sentimientos divergentes y nuevos, era como si mirase el SIDA, otra vez, cara a cara. He escrito muchas cosas, pero nada es tan eficaz como escribir sobre lo que realmente golpea y compromete. He abrigado en el fondo la esperanza de escribir una novela a partir de estas notas, pero eso tomará tiempo, mucho tiempo convertirla en la novela de mi vida, la culminación. Y en este devaneo doy a conocer la historia; descubro que es algo personal: ellos, los fantasmas, o yo.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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