jueves, 10 de febrero de 2011

En el pozo


Apenas podía distinguir claridad en la apertura del agujero desde los diez metros de profundidad donde se encontraba. Era realmente asombroso que estuviera vivo y sin fracturas. Los flashes le encandilaban la vista. Había recibido invitaciones de todo tipo: entrevistas para la radio, la televisión y la prensa, reportajes sobre su estado, asistencia médica de primeros auxilios. También la ayuda necesaria para abandonar el sitio húmedo y frío.
Pensó que hace apenas una semana en era un perfecto Don Nadie que vivía del lastimoso salario que le proporcionaba el patrón de su fábrica. En el hogar siempre fue un desastre; divorciado y con un par de hijos al garete, las conquistas fáciles en las tabernas y los amigotes de juerga eran lo único que había saboreado en la vida.
Ahora podía concluir que era relativamente afortunado. A veces las cosas, sin que estén escritas, suceden para afirmar que la vida no es ni seguirá siendo como uno la ha vivido. Esto no es todo lo que quisiera pero siente alivio haber sido apartado del ruido y las fatigas. Hasta ofertas de dinero y estímulos han halagado sus oídos. Desde su minúscula posición en el fondo de un pozo al que cayó por accidente, mantiene vínculos con aquellos que desde arriba desean rescatarlo.
Proposiciones no le faltan; él sólo tiene que ser selectivo a la hora de aceptar esta o aquella. Atarse una cuerda y ser rescatado de una vez por todas es la solución inmediata pero significará que en un par de semanas, después que pase la euforia de su rescate, volver a ser el mismo Don Nadie.
En esto cavilaba cuando reparó en la cesta en la que había recibido alimento con los primeros auxilios. Su mensaje fue claro para todas las cabecitas curiosas que en lo alto del agujero esperaban por su respuesta. No saldría del pozo. Los suministros deberían seguir enviándoselos en la cesta atada a una cuerda.


En el pozo. Seis meses después.
Se aburre demasiado y los pies acalambrados apenas pueden mantenerlo en pie. Las manos engarrotadas no logran aferrarse a las paredes que le rodean. Hace mucho que ha dejado de escuchar voces. Los reporteros fueron los primeros en alejarse. Nadie se asoma al agujero. La ayuda que recibe desde arriba cada vez es más esporádica. En la cesta sólo hay alimento suficiente para un día.

2 comentarios:

Ybarra dijo...

Muy fuerte y bueno. Así es el ser humano.

Lauro dijo...

Magnífico. Besos.