Carta a Rafael E. Saumell, autor de En Cuba todo el mundo canta (Memorias noveladas de un ex preso político)

Si no te había escrito antes es porque necesitaba recuperarme, repensar, distanciarme de la lectura. Tuve una identificación total, me hundí en sus páginas como si fuera yo el protagonista, sí, durante estos días viví en una prisión que me recordó los años de mi estancia en el sanatorio. No voy a hacer comparaciones porque el sanatorio no era en sí una cárcel con barrotes, sino más bien una isla dentro de la isla, un centro de concentración de seropositivos que por fortuna tenían un nivel de vida superior al del mundo exterior en plena crisis del régimen socialista. Mis problemas eran la afectación psíquica, la limitación social, la enfermedad y las muertes que notificaban casi semanalmente que me chantajeaban y me convertían en prisionero de mí mismo.
Tú libro, Samuell, es exacto; describe vívidamente el mundo de los prisioneros bajo el yugo socialista. Ninguna cárcel es buena y cualquier sistema político abusa del poder, pero tú cuentas la experiencia que te tocó sufrir y lo haces convincentemente. No me hubiera gustado estar en tu lugar.
Expresas tus ideas con sencillez, como un observador que da testimonio cabal sin el odio ni el rencor desmedido que plagan las obras de Reinaldo Arenas y otros autores del exilio. Hay algo, sí, que te señalo porque yo peco a veces de la misma modestia. No creo que la introducción del libro fuera necesaria, no aporta nada nuevo a las estremecedoras páginas de la novela. No hace falta disculparse de antemano ni prever lo que la oposición pueda decir. En mi opinión, bastaba con la dedicatoria y los agradecimientos, que el lector saque sus conclusiones. Tu libro es bueno y punto.
Me gustó que no te regodearas en la sexualidad carcelaria, lo apuntas, es suficiente, se ha hablado mucho sobre eso. Las reflexiones sobre la cultura popular cubana son muy buenas, también el enfoque de la discriminación racial y es genial la clase que imparte Papín. Yo soy un resultado de eso. Procedo de una familia proletaria pobre y negra, donde la música y las lecturas que me posibilitaban eran precisamente las que los organizadores del programa Todo el mundo canta, del cuál tú eras guionista, no querían incorporar. Aunque estudié en la Universidad y me licencié en Historia del Arte, sigo llevando conmigo ambos mundos. Me gusta la poesía de Neruda y la de Bécquer, las novelas ejemplares de Cervantes y las historias de Salgari y Dumas, las canciones de Silvio y Pablo y Nicola, pero también las de Moraima, Elena y Beatriz Márquez, me paseo entre el New Age de Vangelis, Jaen Michel Jarré y Van Van, La Charanga Habanera y por si fuera poco, me encanta el reguetón. No sólo la música, sino también el medio, las mulatas, los negros, su argot, su savia. Al punto, que no me importa que cuando los azorados intelectuales me llamen inculto cuando admito que Cortázar, Lezama, Carpentier (excepto el Reino de este mundo y Viaje a la Semilla) no me dicen nada. Un día me quedé dormido escuchando un poema kilométrico de Lezama, qué aburrido. Sin embargo, alucino con Virgilio Piñera y Abilio Estévez. La literatura reinventa el mundo con palabras, lo redescubre, así han hecho los grandes escritores, pero la cultura popular toma directamente el diamante bruto, no se preocupa de pulirlo, sencillamente lo muestra con toda su natural belleza, por eso atrae a las masas, las subyuga; por eso aquel prisionero de Villa Marista se indenficaba con las baladas dulzonas de Nelson Ned, Roberto Carlos y otros tantos. Yo también.
En tu libro haces mención a personalidades con los que te codeaste durante la década del setenta, la mayoría de aquellos te dieron la espalda, otros como tú, cayeron en desgracia. También te refieres a prisioneros políticos, entre ellos Armando Valladares, de los que yo había escuchado hablar, pero en su momento fueron tan desmoralizados que se convirtieron en personajes anodinos.
Un abrazo bien grande y muchas gracias por compartir esta experiencia brutal pero esclarecedora. Como tantas cosas había oído, me habían contado, pero nunca hasta hoy fui consciente del daño y sus consecuencias.
Con admirable respeto,
Miguel Ángel Fraga
Comentarios
parece estar super bueno..
Reinier
ME PLACE QUE ME HAGAS COMPLICE DE TUS VIVIENCIAS ,CARTAS ETC,TENIA ROTO EL ORDENADOR ,YA POR SUERTE LO TENGO REPARADO .TE DESEO LO MEJOR.UN ABRAZO FUERTE DE QUIEN TE QUIERE Y PARA BIEN.
TONY
Ah... y gustar de lo que nos gusta es un derecho inalienable de tolmundo!
Le pediré al autor que nos diga cómo podemos conseguir su libro.
todo super, y definitivamente ya estoy a la busca del libro!!
thanks por la info acerca de su localizacion..
un abrazo desde aca,