sábado, 6 de junio de 2009

Prost, Köln!

Como ven, ahora vengo hablando deutsch, alemán, asere, pa’ que me entiendan. En suelo danés, momentos antes del despegue de la aeronave Airberlin, el vikingo de los bigotes largos estrechó mi mano y me dijo: Gunter reise. En una hora diez minutos de vuelo arribamos al aeropuerto de Düsseldorf, capital del estado de Renania del Norte-Westfalia.
Köln, Cologne o Colonia es la ciudad más populosa de este estado con un millón de habitantes y hacía allá nos dirigimos, pa’ donde está la gente, pero para ello tuvimos que viajar en tren y para abordar el tren tomamos primero un fly train o minitren de dos vagones. Cuando el trencito echó a andar me di cuenta que no tenía ruedas ni se deslizaba sobre rieles. Sobrevoló las áreas exteriores del aeropuerto, calles, carreteras, y hangares hasta la estación terminal. Apreté la mano del vikingo y sin abrir la boca, rogué para que ese aparato no se desprendiera de donde estaba sujeto. Como las palabras en inglés lo dicen, era un trencito volador a modo de teleférico.


Fly Train.Es la tercera vez que visito Colonia y considero que esta ha sido mi mejor estancia. Al salir de la estación ferroviaria, el primer monumento con que me tropecé, y con sorpresa, fue la catedral o Kölner Dom que me obligó a alzar la cabeza hacia la luz y el cielo para admirar el imponente edificio, construido entre 1248 y 1880, lo que quiere decir que tardó 632 años su construcción. Patrimonio de la Humanidad desde 1996, lo más atractivo del templo es la suntuosa arca de oro que guarda supuestamente las reliquias de los Tres Reyes Magos y que un arzobispo cojonudo las trajo de la Catedral de Milán para que Colonia se convirtiera en centro de peregrinación. Esta ocurrencia del arzobispo no le hizo ninguna gracia a los milaneses y hasta la fecha le guardan rencor. Lo que comenzó como planificación gótica terminó siendo una mole neogótica con dos torres de 157 metros de altura que la convierte en la catedral más alta del mundo. Y para constatar lo dicho, el vikingo y yo subimos muy dispuestos los 509 escalones de la escalera en espiral de una de las torres que se eleva a una altura de 98 metros sobre el suelo. Cuando llegamos al final, no sólo estaba mareado, mis piernas apenas me sostenían, temblaban a ritmo de reguetón sin música. A esa altura había perdido las ganas de apreciar la vista espléndida de la ciudad; pero para dejar constancia de mi escalada, con gran esfuerzo tomé algunas fotografías. En realidad, lo que buscaba no lo encontré, un puñetero banco donde poner mis posaderas. Así que le dije al vikingo después de tres o cuatro clips al obturador de la cámara, oye, te espero allá bajo.

La Monumental Catedral de Colonia
Puerta lateral de La Catedral
Reliquia de los Tres Reyes Magos

Vista desde la torre de La CatedralCuando nos reencontramos junto a la fuente de la plaza del Museo Románico Germano, el bigotudo recordó el reloj musical que había en la torre y que olvidamos ver. Me preguntó si quería subir otra vez. Lo miré desde donde estaba sentado y como respuesta le pregunté: ¿Es un chiste, verdad? Al hotel llegamos deshechos como los versos de Bonifacio Byrne. Porque sí, paramos en el hotel Ahl Meerkatzen, construcción del siglo XVIII, uno de los pocos edificios que sobrevivió al bombardeo de las fuerzas aliadas durante la segunda guerra mundial y cuyo nombre puedo escribir pero no sé si llegue algún día a pronunciarlo correctamente. En principio íbamos a parar a la casa del coordinador de las festividades del Leather Pride, pero éste, durante el recibimiento, como estaba muy ocupado (era cierto) nos gestionó habitaciones en el hotel donde él estaba acomodando a los visitantes al Pride. El acomodamiento incluía desayuno. Para más sorpresa, nos regaló billetes para las fiestas de viernes y sábado y para el paseo en barco por el Rin, los eventos más importantes de las festividades. Sólo pagamos la leather dinner. ¡Yupi!, dijimos el cándido vikingo y el ingenuo Miguel, esta sí que es una sorpresa. Y a que sí. Nos relamimos de gusto y pregonamos con vanidad a nuestros amigos la habitación gratuita que recibimos en el hotel. Cada vez que nos encontrábamos con el coordinador nos trataba con deferencia y nos regalaba cupones para comprar bebidas gratis. Tanta amabilidad viniendo de un europeo que apenas nos conocía comenzó a resultarme sospechosa. Viking, ¿tú estás seguro de que la habitación del hotel es gratis? Por supuesto, él no habló de precios, sólo le dijo al carpetero que nos entregara la llave de la habitación. Ya todo está pagado. ¿Hasta los desayunos? –volví a preguntar con desconfianza. Pues, sí Miguel, él es el coordinador y como no nos puede atender en su casa nos alojó en el hotel. ¡Jum!, me dije yo.
Después de Berlín, Hamburgo y Munich, Colonia es la cuarta ciudad en importancia de Deutschland, es decir, Alemania. Este lo sé porque el día sábado nos incluimos en el recorrido que ofreció un guía para presentarnos a la ciudad. El único hispano hablante era yo, así que por mayoría, las explicaciones fueron en deutsch y en algo de english. El bigotudo, hombre versado en lenguas, cuando le parecía, me traducía del deutsch al svenska y yo, ahora, de lo que me acuerdo, o entendí, les doy mi versión en spanish.
Colonia es actualmente una de las tres grandes regiones industriales del país. Fue fundada en las márgenes del río Rin en el año 38 a. c. y declarada colonia romana con el nombre de Colonia Claudia Ara Agrippinensium en honor a la emperatriz Agripina, esposa de Claudio y madre de Nerón. Como muchas otras ciudades antiguas europeas, cada vez que abren un hueco encuentran restos romanos. Durante la Edad Media, en los tiempos del Sacro Imperio Romano Germánico, el arzobispo de Colonia era el que más mandaba en toda la zona por lo que consiguió los derechos de ciudad libre imperial. Supongo que por esos años, con la autoridad que tenía, fue cuando sin permiso de nadie se apropió de las reliquias de los Reyes Magos. Colonia cuenta además con una de las universidades más antiguas de Europa. Durante la segunda guerra mundial, como era una zona industrial importante, fue brutalmente bombardeada por los británicos que sólo dejaron en pie el 20 % de la ciudad, el resto desapareció en los escombros. Por condescendencia respetaron la catedral que a consecuencia de resonancias y explosiones perdió la mayoría de los vitrales antiguos y por consiguiente, su luminosidad.
Un buen reportero y fotógrafo está siempre avituallado. Pero como yo no soy ni uno ni lo otro, olvidé en casa el cargador de mi cámara, así que la mayoría de las fotos que aquí muestro son cortesía del vikingo. Pero ojo, durante el recorrido con el guía, como lo único que sé de deutsch es prost und danke, para entretenerme decidí descubrir la ciudad con mis propios ojos (y con el lente del bigotudo). Retrátame aquí y ahora allí. Viking, retrata eso y esto y aquello y... Lugna dig, jag vill höra! (Estate tranquilo, déjame oír.)
Ayuntamiento de ColoniaPuente Hohenzollern, sobre el Rin. Al fondo, la catedral.
Viking, retrátame aquí. La superstición, aunque vivamos en el siglo XXI, es tan actual como lo fue en la Edad Media.
Candado en el puente Hohenzollern, sobre el Rin. Los jóvenes cierran los candados cuando se comprometen para perpetuar su amor.
Monumento a los homosexuales y lesbianas deportados y desaparecidos en los campos de concentración nazis.
Los homosexuales y lesbianas deportados a los campos de concentrción nazi fueron marcados con el símbolo del triángulo rosa invertido.
Tuberías aéreas que devuelven al Rin las aguas fangosas que yacen en el subsuelo de la ciudad.Supongo que muchos recuerdan el perfume que nuestros padres nos ponían después de bañarnos, los que los hombres usaban para refrescar la cara después del afeitado o, sin ir más lejos, las recomendaciones o consejos de los espiritistas: date un baño con perfume o despójate con agua de colonia. ¡Siá cará! Pues sí, la colonia, o el perfume o el agua de colonia, es oriunda de aquí, de Colonia. El perfume original fue creado por el italiano Giovanni María Farina a principios del siglo XVIII. Tenía un aroma muy diferente a los escandalosos perfumes franceses de la época. Por la suavidad y frescura de su agua a la ciudad llegaron a nombrarle Ciudad de Fragancias. Y el encanto estaba en una mezcla secreta de hierbas que utilizaba como base aceites esenciales de bergamota, cedro, limón, lima, mandarina, naranja y pomelo. Otra fragancia muy conocida internacionalmente es 4711 que data de principios del siglo XIX cuando Wilhelm Mülhens, fundador de este aroma, compró la licencia a un familiar de Farina. En la actualidad se considera colonia al compuesto de fragancias donde la proporción de aceites esenciales en alcohol diluido en agua sea mayor al 5 % y menor al 10 %, o como mínimo contenga un 40 % de volumen de alcohol.
Sobre el Leather Pride, razón de nuestro viaje a Köln, Cologne, Colonia, no me he pronunciado. Tal parece que no quiero hablar de ello, pero esta crónica se ha extendido demasiado y creo que mejor será referirme al evento en el próximo post. Sólo quiero añadir que la temida y esperada sorpresa nos acogió el día de la partida cuando entregamos la llave de la habitación con un danke schön y nos volteamos en dirección a la puerta de salida. El carpetero nos atajó con un Wait, please, y nos extendió sin miramientos, previendo nuestra fuga, la factura del hotel. La cuenta reportaba 198 euros por las tres noches con sus desayunos. Har du pengar för att betala den? (¿Tienes dinero para pagar esto?) –me preguntó el vikingo en azorado svenska. Yo no, ¿y tú? Por suerte, hace tiempo se inventaron las tarjetas de crédito. Me gustaría ver la cara del coordinador del Pride cuando en recompensa por sus atenciones lo invitemos a nuestra casa y amistosamente los traslademos al hotel Hilton de Malmö para que disfrute la suite que le vamos a reservar y que él se encargará de pagar en el cheking out.
Sin pelas pero contentos regresamos a casa. La noticia de primera plana el día de nuestro vuelo fue la desaparición en el océano Atlántico de un avión de las líneas francesas con más de 200 pasajeros a bordo. Como todos comentaban el suceso y los nervios andaban disparados, antes de montarme en el avión, abrí el frasco de Agua de Colonia y... ¡Siá cará!

Agua de Colonia 4711

9 comentarios:

Silvita dijo...

Migue, qué rico es viajar contigo... aunque sea en el sentido figurado del que lee tus crónicas y así sigue tus pasos. Muy interesante lo de la colonia, me da una nostalgia del Heno de Pravia conque mi mamá me espiritualizaba antes de salir! Bueno, eso fue en los últimos tiempos porque hubo su etapa de Fiesta y para los hombres 5 PM que aquello no era fácil.
Me gustan mucho las colonias y espero que hayas comprado la 4711 para poderme quitar el antojito de saber a qué huele!

Misuangelo dijo...

Pues sí, tengo la colonia 4711. Cuando quieras pasa por aquí para que la pruebes.

Anónimo dijo...

HOLA MIGUE VOY A SER BREBE POR EL TIEMPO PERO ME HA ENCANTADO TU CRONICA SOBRE TU ESTANCIA EN ALEMANIA,SIEMPRE ME REPORTA ALGO INTERESANTE ,ATRACTIVO E INCLUSO A VECES GRACIOSO LO QUE ESCRIBES,EN CUALQUIERA DE LOS CASOS TE AGRADEZCO QUE COMPARTAS CONMIGO TUS VIVENCIAS ,HOY HE APRENDIDO ALGO NUEVO,UN BESO GRANDE,SALUDA AL BIGOTUDO Y ESPERO VERLOS PRONTO

Anónimo dijo...

Eres un travieso y me encantó la crónica.
Prost es también el apellido de un corredor de Fórmula Uno. Köln es solo una cosa: su catedral.
¿Y quien es el viking que te secundaba en tus travesuras?
Un abrazo:
Luis Carlos.

Anónimo dijo...

este vikingo esta siempre confiado como pagaron???

un beso
kenia.

Aguaya dijo...

Este paseo no lo había visto!
A mí también me ha gustado mucho Colonia las veces que he ido.
La última fue en las Navidades pasadas y tuve chance de pasear más que las veces anteriores. Por mi blog también tengo unos posts de esos días, claro!
Grüße aus Berin!

misuangelo dijo...

Colonia es una ciudad hermosa. Su reconstrucción respetó el antiguo estilo de la ciudad. Su catedral y sus museos germánico romano, el de arte y el del chocolate son los sitios que no debemos perder durante la visita a Colonia.

Anónimo dijo...

ajjajaja Sia cara!Que comico e interesante este escrito.Me encanta lo que lei acerca de la historia del Agua de Colonia y por supuesto la historia de la ciudad en si.Oye y en todas partes hay graciosos que lo embarcan a uno!Toma chocolate y paga lo que debes!jajajaja
Saludos
una cubana en uk

Misuangelo dijo...

Nunca falta el que con buenas intenciones te tira pa'l caldero. Lo de menos fue pagar la cuenta del hotel que a fin "de cuentas" no era razonable, solo que no estuvo incluida en nuestro presupuesto para el viaje.