martes, 4 de mayo de 2010

De la enseñanza, los preuniversitarios en el campo y la alimentación.

Estuve hablando con mi hermana a propósito del post anterior y ella me explicaba que el sistema de estudio había cambiado mucho. La ideología marxista-leninista ha dejado de tener relevancia en los tiempos que corren. Más importantes son los héroes nacionales, aquellos que perpetúan las ideas de la Revolución; sobre ellos se construye la historia, la Historia de Cuba desde los aborígenes hasta “el gran triunfo revolucionario”.

Son pocos los jóvenes que conocen la historia antigua. ¿Quién era Keops y Atila? Lo que han memorizado de Calígula o Espartaco tiene el maquillaje de las películas de Hollywood. También son pocos los que ponen atención a los sucesos internacionales; como las noticias pasan por el filtro que determina la información apropiada en el momento apropiado, prefieren fanatizarse con el béisbol y bailar reggaeton. La historia de Cuba y el contexto antiimperialista los absorbe todo, mártires y héroes presentes en cada “lucha tu yuca taíno”.

La historia precolombina, latinoamericana, estadounidense y europea, es asunto de interés individual. Recuerdo que mi educación en la escuela secundaria y el Preuniversitario fue bastante completa, adquirí conocimientos generales de las ciencias y el saber que me prepararon para sumirme con decoro en el aula universitaria. Ahora mi hermana me confiesa que ella y muchos otros padres pagan a los profesores para que den lecciones particulares a sus hijos. Curiosamente, a veces esos son los mismos profesores que imparten clases en los planteles escolares. Aunque no se diga ni se reconozca, la educación en Cuba va dejando de ser gratuita, al menos aquella que garantiza el conocimiento de los estudiantes.

A mi sobrina le tocó sufrir los estudios del preuniversitario en el campo, un método de enseñanza que combina el trabajo con los estudios. Para los que aspiraban una carrera universitaria era obligatorio vivir becado tres años en el campo. Anécdotas y experiencias hay muchas, cada familia cubana tiene la suya. Yo acudo a mi sobrina como referente.

En su escuela estudian por la tarde y trabajaban las mañanas recogiendo papas, tomates, berros, ajo, según la época de las cosechas. Unos recogen y otros los acumulan en sacos. Seis sacos son la norma. Luego me dice que trabajan poco, en realidad el campo no produce casi nada, se sientan a la sombra para relatar cuentos, se esconden, juegan. También hacen trabajo social en las áreas escolares para mantener la limpieza aunque esto no impide que con frecuencia (por falta de una adecuada higiene) se enfermen con diarreas, parásitos y leptospirosis.

Desayuno: Lactosoi (especie de cerelac con agua)

Almuerzo: Arroz con proteína vegetal (una especie de soya y otros vegetales). Para variar, chícharos con acelga y puré de papas.

Comida: Harina. Para variar, revoltillo de huevo.

Postre: Al Lactosoi de la mañana se le añade agua, azúcar y se revuelve hasta que se forma con suerte una natilla.

Como en Cuba no hay ganado, la comida de los animales se la dan a los muchachos del Pre –dijo una vecina que intervino en la conversación. Yo no como eso; yo nunca paso por el comedor –se disculpó mi sobrina, como si comer esas cosas la desmeritaran. Caigo en cuenta que mi sobrina tiene la figura de las modelos anoréxicas europeas.

Son los padres quienes con esfuerzo (muy particular) proveen los alimentos dignos para sus hijos, pugilateando galletas, margarina, latas de conserva, todo lo que puedan conseguir en dependencia de los CUC de que dispongan. Mi hermana me confiesa que con su salario en peso nacional no puede garantizar la alimentación de su hija y pagar las lecciones particulares para que apruebe los exámenes. Tiene que hacer milagros. Que no me digan que la educación en Cuba es gratuita, muy caro que me ha costado el Pre en el campo de mi hija –concluye con mal humor.

4 comentarios:

Silvita dijo...

Qué fuerte!
Recuerdo cuando el hijo de un amigo empezó el preuniversitario en una de esas becas, lo primero que le pasó fue que cogió ladillas.
Yo no estuve becada, por suerte, nunca me ha gustado la promiscuidad.
A la escuela al campo si fui, y no la pasé mal, pero mi pobre madre se arruinaba para reforzar mi alimentación, que dejaba mucho que desear. Hacía panetelas para venderlas y así tapar el hueco que mi contribución al desarrollo de la agricultura del país (???) hacía en la economía familiar. No fue fácil aquello.
Me ha traído muchos recuerdos este post.
Besos, zumbero.

Misuangelo dijo...

Por suerte, en mi época las escuelas de Pre universitarios estaban todavía en La Habana. Yo estudié en el Pablo de la Torriente de Miramar.
Las escuelas al campo, pese a todo, a mí me gustaron. Yo las pasaba bien, me divertía y algo positivo tenían pues yo fui bastante mimado y esta temporada me liberaba un poco de la tutela familiar. De aquella época guardo buenos recuerdos. A principio de los 80' la comida no estaba tan mala como pudo ser después aunque nos quejáramos de los tres mosqueteros: el chícharo, el huevo y el arroz.
Lamentablemente la situación se puso cada vez peor y no hubo a tiempo un buen juicio para eliminar lo que ya no producía fruto. Con saña se mantuvieron las escuelas de Pre en el campo en perjuicio de los estudiantes y sus familiares. Para bien de los cubanos, este año el Ministerio de Educación, así, sin mayor explicación, resolvió terminar de una vez con las pesadillas rurales.

MIRTA SUQUET dijo...

le enseñé a todos en mi despacho estas fotos y se quedaron muertos...
yo siempre te leo, migue, auqneu nunca te haga comentarios!!! (ahora sé lo que es eso en carne propia, jajajajaja!!!!)
bicos, Mirta

Misuangelo dijo...

Jajaja... Mirta, no te preocupes, los comentarios son opcionales, aunque como te dije ayudan a divulgar tu blog.