martes, 12 de abril de 2011

La hermosura

La viejecita solía sentarse en su tocador cada mañana para resaltar los detalles más expresivos de su rostro. – ¡Es tan fea, la pobre! –murmuraban las vecinas cuando la veían pasar maquillada como una acuarela. La viejecita nunca tomó en cuenta los comentarios. Nunca dejó de admirarse ante el espejo.

2 comentarios:

Silvita dijo...

Bravo por la viejita! Yo me haría gustosa amiga suya, pero con el otro tipo de gente criticona... na que ver!!!! Besitos y buenos días!

Misuangelo dijo...

Lo importante es sentirse bien con uno mismo.