jueves, 15 de abril de 2010

Cuba, la obsesión. (Parte 3)



Rara sensación. El turista es ese gallo colorido al que se pretende desplumar. Para eso ha venido a esta tierra de color, sexo e ideales.

Conciencia, ¿qué es eso? Lo que importa es salvarse. Esa es la palabra: salvarse; y la frase común para pedir limosna “dame un salve”. Veo a un tipo sentado en el contén de la acera, es un tipo chévere, un bonachón que conversa con todo el que pasa por su lado mientras espera (con paciencia) a los que salen del bar con una botella de ron en la mano. “Pipo, échame un poquito aquí” –muestra sonriente el vasito plástico. ¡Cuánto puede este hombre beber gratis en una tarde!


Yo no tengo esta suerte (ni la cara). Gústeme o no, yo soy el que paga porque vengo de la tierra donde los dólares, los euros y las coronas saltan como salmones. Podría negarme pero qué puedo hacer ante algo que está sólidamente establecido como el Partido Único que hay en la isla. ¿Tengo otra opción?

Soy el Pagador. Para reafirmar la autoestima podría comportarme como el tipo duro que luce gruesas cadenas y sortijones de oro en los dedos. Podría afectar mi acento y llevar como disfraz the last look in Europe, enviar SMS, ver vídeos y escuchar música en un Apple IPhone 3G o mostrar al descuido la billetera desbordada de CUC y seis o siete tarjetas electrónicas (de lo que sean, todas tienen tamaño estándar). Podría conferenciar sobre los más recientes ofertas del consumismo, podría podría podría confirmar que soy el Pagador. Pago aquí dos cervezas y allá una botella de Carta Blanca y luego en la reunión a la que me invitaron llevo una de Habana Club añejo 7 años. Me dejarán que me luzca, que presuma de lo que me dé la gana, me consentirán siempre que pague.

No es justo tratar a todos por el mismo rasero. Hay muchas excepciones, gente buena, gente pobre, gente amiga que mantiene su dignidad. Pero ellos no son visibles. En este post me referiré a los otros, los que lamentablemente posan para la postal de La Habana con ron, música y picardía.

El cubano buscavidas piensa que el turista es un estúpido que se traga como refresco los cuentos de los desalmados, como si ese turista no estuviese expuesto a una mentalidad capitalista de supervivencia. Muchos (la mayoría) tienen que sudar bastante para reunir la plata que gastan y comparten con esos que se ufanan de luchar a diario en la calle para enfrentar la No-evolución.


El cubano visible, ese que pasea y se exhibe, es presumido, charlatán, opina sobre todo porque lo sabe todo, trae consigo el último chiste y la última noticia que –como es de suponer– se la dio un amigo (o familiar) que trabaja en las altas esferas. Estos visibles se quejan del infierno donde viven sonriendo para lucir los casquillos de oro que se han aplicado a los caninos. La mayoría de sus abalorios son dorados, mucho dorado. Los veo en las colas de los supermercados, en las tiendas, en los agromercados, compran tanto con pesos cubanos como con pesos convertibles.


El que menos tiene 1 CUC en el bolsillo. Viven en viviendas en mal estado por fuera pero cuando paso al interior descubro una TV a color, un DVD y un equipo de música mejor que el que yo tengo en mi casa. Como observador constato que hay gente que no se preocupa de producir absolutamente nada, veo desempleados que se gastan lo que tienen bebiendo alcohol y discutiendo de béisbol, mujeres que compran cualquier cosa con tal de comprar algo, veo ofrendas a orishas y fiestas de santos que cuestan lo inconcebible. La gente visible se queja de que no hay na’, ni comida, ni entretenimiento ni na’. Yo veo jóvenes bailando en las discotecas con D&G, Emporio Armani, Versace, Adidas, Calvin Klein, Converse.


La cultura de la neomiseria es presumir de ella, quejarse de tantas carencias sin pretender cambiar el sistema porque han sido adoctrinados para que las cosas sean y sigan siendo inamovibles. Trabajar para qué si lo que me pagan es una mierda. ¿Sacrificarme? ¿Coger lucha? Desde pequeño me he sacrificado bastante. No vale la pena, chico, esto no hay quien lo arregle ni quien lo tumbe. La apatía se respira en cada dependencia del Estado. Más que miseria, veo abandono. La única salida es la evasión, el deseo de huir, de volar (¿a Madagascar?). La costumbre lo empatrona todo y dan por sentado que por su aguante merecen ser abastecidos con donaciones y facilidades gratuitas. Es una alternativa de vida. Que no se le ocurra a un extranjero aparecerse con las manos vacías. ¡Qué tacañería, por dios! ¡Qué falta de humanidad!

Yo también viví en la isla y, como todos los isleños, tuve ambiciones, desesperanzas y frente al mar me preguntaba qué había más allá de las olas. Puedo comprenderlos y justificarlos. Pero precisamente por conocer la tierra que piso, conozco también sus frutos. En ese intermedio –mitad extranjero mitad cubano– escucho las anécdotas de los vampiros. Le fui pa’ rriba al yuma como gavilán con hambre. El temba no soltó prenda pero me llevé su fosforera. En cuanto me dé la oportunidad le saco hasta las bilis. El objetivo es canibalear, arrancarle el último centavo al extranjero, total, después él se va. Yo no soy yuma, tampoco me asumo como tal, pero vengo de “distante rivera”. Nos vemos esta noche, pipo, no te olvides de traer la crema que me prometiste.

Mis amigos me esperan con la alegría de recibir algo (para salvarse). ¿Cogemos un taxi? ¿Me vas a invitar? –pregunto por curiosidad. Soy cubano de a pie. En Suecia, en España, en Italia, en Londres, viajo en transporte público. Mis amistades (mejor vestidas que yo y haciendo alarde de sus gafas y celulares) se asombran. ¡Con tanta gente que hay en la parada no llegaremos nunca! Siento que no han tenido la oportunidad de coger un metro en Madrid o en Berlín en los horarios picos. No tengo ninguna intención de pagar el taxi porque somos muchos y me tocará a mí pagar la entrada a la disco y la invitación al consumo y todo lo que se presente. Ni soy millonario ni pretendo dar esa apariencia. Viajo con lo mínimo permisible y la mitad lo dejo antes de marcharme. Me encanta regalar, ver sonrisas alrededor, pero mi apellido es Fraga no Paganini. Se me ocurre reflexionar sobre el turismo que se promueve actualmente. Mis amigos no tienen idea, pero les explico que se ha abaratado al punto de que cualquiera que se lo proponga (en los países desarrollados, especifico) puede planificar sus vacaciones. Hay muchas y buenas ofertas. Hoy en día volar en avión no amerita a nadie. En clase económica viajan estudiantes, trabajadores y pensionados. Los turistas suelen comprar paquetes de viaje que incluyen pasaje, hotel y desayuno. Islas Canarias, Tailandia, Cuba y el Caribe en general son destinos muy baratos. Aquí el turista puede darse los gustos que no se da en su país aunque pudiera; haciendo ahorros puede viajar a solearse en tierras exóticas, beber, hacer turismo sexual... Y viajar en taxi –completan la idea mis amigos. Pero yo soy cubano y qué casualidad, por ahí viene el bus.

Admito relativa vanidad en mi comportamiento, un cambio ideológico más radical, cierta susceptibilidad con las normas de aseo y limpieza. Uno cambia, crece, envejece. Pero no ando en plan de ostentación sino de rescate, pretendo chapotear mis orígenes. Brindo ron Castillo, Ronda y cerveza Bucanero; emprendo largas caminatas por la ciudad y me refresco con Tu Cola; me traslado en los buses P2, P6 y P9; los taxis, como las llamadas a teléfonos móviles, entran en el plan B o última opción.

Pese a todo lo que me propongo no siento que haya conseguido mi empeño. Consideran que por mi status no vengo a complacerme sino a complacer, a aliviarles su existencia. El “qué me trajiste” y el “qué me vas a dejar” son preguntas que oscilan como el péndulo de Poe. Que me empeñe en viajar en bus es un signo notorio de mi sentido del ahorro, no hay quien les haga cambiar de idea.

El tiempo que he vivido fuera del terruño, las leyes estatales y la propia gente me exigen cómo debo comportarme. (Existen modos y categorías para tratar a los cubanos residentes en el exterior pero este tema tiene mucha tela.)

Todo tiene precio y negociamos sin palabras. Ellos parecen listos pero ni el turista ni yo somos precisamente lo que ellos suponen. Nos reutilizamos. Comienzo a verlos como parte de mi consumo, mi entretenimiento. ¿Cuánto podría costar el chiste del recién aparecido? Es un tipo simpático que se ha arrimado y cuenta y cuenta anécdotas una tras otra y uno ríe y se divierte. Y no sólo es él, también se acerca el vendedor de chicharritas, el jinetero sabrosón, la jineterita que acaba de llegar de Placetas, un trío de cuerdas y por ahí pa’ llá, como en una pasarela, desfila ante mis ojos la fauna humana de la metrópoli. ¿Cuánto cuesta la animación de una noche, las bufonadas de un don nadie, el sexo caliente y desmedido de aquél? Te pago otra cerveza porque me gustó lo que acabas de decir. Quiero oír que soy guapo, que mi presencia te enamora perdidamente, que no ha habido ni habrá nadie antes ni después que yo. Complace mis oídos y dime lo que quiero que me digas, que me esperarás y sufrirás mi ausencia. Aquí tienes 15 CUC por tu amor convertible.


Las atenciones de mis amigos vampiros tienen un trasfondo. Me cuentan lo bien que la pasan, las parrandas y las fiestas que se montan. Les escucho hablar de comelatas y sexo duro con descomunales bellezas del patio. Consiguen abrir mi apetito, estimular mi libido. Pero no me presentan a nadie ni organizan una fiesta en mi nombre. ¿Para qué me cuentan todo eso? ¿Tiene algún sentido que oiga esas historias? ¿Cuál es la intención? Si quiero diversión, orgía o lo que sea, tendré que subvencionarlas con CUC e invitarlos para que pongan su alegría.

Me decepciono no por algo en particular sino por el conjunto de una Cuba deslucida. La amistad corrupta me da asco. Acomodo mis nostalgias (las que me quedan) en mi pequeño maletín porque la mochila... ¿a quién se la regalé? Comienzo a contar los días que faltan para regresar a Suecia. Es hora de reconstruir mi isla lejos de la isla. Las cosas no son en blanco y negro, aquí quedan mis padres, la gente que se puede salvar sin que le des un salve, los lugares que pienso y deberé habitar desde lejos. Como resultado de tantas islas contenidas me convierto en un aislado. No pertenezco a ningún lugar, no soy patriota ni apátrida, no canto himnos ni enarbolo consignas. Soy mi propia isla.


10 comentarios:

Anónimo dijo...

Lei la tercera parte.... ay que decir...

Anónimo dijo...

Me identifique mucho con tu articulo, al menos alguien que no pone al pueblo cubano en un pedestal ocupando el puesto de mártires.

Quiero que sepas que lo que escribiste me llegó, y seguro le ha llegado a muchos que por timidez o temor no se atreven a hacer comentarios.

Anónimo dijo...

Muy bueno,Migue.Me estremecen tus reflexiones.
Ana

Silvita dijo...

Y por qué crees que me mudé a mi islita?
Porque no es fácil...

Misuangelo dijo...

Tienes razón, Silvita. Tienes mucha razón.
Me gustaría que escribieras más sobre ese concepto de isla.

Ray dijo...

Migue, triste la realidad pero es la realidad de Cuba de hoy.Por suerte, todavía quedan quienes no buscan el "salve" con los que llegan...Tus palabras llegan, y el significado, al unísono del tono jocoso,es tan claro que espanta...."what in the world´s happening, eh?-never mind!!"
Me cuadró tu última frase:
"No pertenezco a ningún lugar, no soy patriota ni apátrida, no canto himnos ni enarbolo consignas. Soy mi propia isla."

Misuangelo dijo...

Gracias Ray, por tus palabras :-)
No estamos solos, por suerte.

Anónimo dijo...

Miguel Angel: Gracias por tus envios y tus libros, y tus blogs, que he disfrutado con fruición, ese verbo lezameano. Recibe un abrazo. Alberto Lauro.

Pelusa dijo...

Misu... ¿que decirte? Yo tambien tengo miedo a regresar despues de tanto tiempo y encontrarme con los cambios, no los externos e inevitables, sino los internos, esos que se vislumbran en las miradas de los seres queridos o de los amigos.
Es dificil para los de adentro entender que afuera hay que trabajar muy duro cualquier centimo, porque alla adentro, de una u otra forma, siempre aparece el pan.
Pero ya todo esto, y mucho mas, le dijiste aqui.
Sin dudas, el mejor post que he leido en mucho tiempo sobre la isla.
Un beso. Me voy nostalgica y estremecida.

misuangelo dijo...

Pulusita, yo volví a leerlo y... también me estremecí.