Lo perfecto

El ser perfecto es un hombre muy interesante. Todos le respetan porque tiene gran sabiduría. En cualquier sitio donde se encuentra la gente se toca con el codo y hace alguna referencia a su persona. Coinciden en que no tiene sombra que empañe su reputación: es un ejemplo para las buenas costumbres. El ser perfecto no ha cometido pecados y se sabe que es improbable que pueda cometerlos. Incapaz de dejarse arrastrar por los impulsos, la tentación o el vicio, no es libidinoso ni parrandero, no hace bromas y ríe poco; no le gustan las riñas ni las peleas de gallos; nunca ha tenido de qué avergonzarse ni nada que colabore con su vanidad. El ser perfecto –como le llaman– es prácticamente perfecto y por ello, muchos evitan su roce. Algunos para no manchar su castidad; otros, para no realzar sus propias máculas. De cualquier forma, el ser perfecto es un ser muy solitario. (del libro Parábolas para una oreja sorda de M. Á. Fraga)